Y el marisco sigue siendo el rey...

María Hermida
María Hermida RIBEIRA/LA VOZ.

BARBANZA

Nada más abrir, la carpa pobrense que sirve frutos del mar se llenó de comensales

13 ago 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Quizás debido a que las nubes intermitentes de ayer no animaban a estar en la playa hasta pasadas las tres de la tarde -hora clásica para comer cuando uno está disfrutando de las vacaciones-, poco antes de las dos, la carpa instalada en la plaza Segundo Durán pobrense empezaba a poblarse de comensales. Puede decirse que era una apertura más que concurrida de la Feira do Marisco de A Pobra, que hasta el domingo ofrecerá un amplio abanico de frutos del mar tanto al mediodía como a la noche.

Nada más acercarse a la cola donde se cogen los tiques para el marisco, los acentos delataban al personal. Ayer al mediodía, se imponía el deje madrileño, aunque tampoco faltaba alguna voz vasca y alguna que otra andaluza. ¿Gallegos? Pocos. Casi todos los que esperaban turno para coger y pagar los papelitos que dan derecho a las raciones tenían el mismo dilema. ¿Pulpo, cigalas y nécoras? ¿Mejillones tigre, zamburiñas y empanada o mejor unos boquerones, unas almejas y luego filloas? Y es que la elección no es nada fácil, porque la variedad es grande y la pinta que se les ve a las viandas es bastante apetecibles.

«Muy majetas»

En poco tiempo, quienes estaban en la cola pasan ya a sentarse en mesas cómodamente para disfrutar del marisco. Antes, una legión de camareros le entregaron lo suyo. Sí. Y es que una de las cosas que llamaba la atención ayer era el notable número de personas que se encargaban de atender los distintos puestos de marisco. Ya con los reyes del mar en el plato, está claro que la vida se ve distinta. «La verdad es que estas playas están muy majetas, y comer esto nos encanta», decía un maño con camiseta amarilla que compartía mantel con tres amigos.

A pocos metros de ellos, en otra mesa, hay una pareja con dos niños. Los chavales, que no llegan ni a los 10 años, tienen delante un plato considerable de almejas. Se las comen. Se les cae la salsa por todas partes. Mojan con el pan. Y, al final, uno de ellos señala: «Quiero más, quiero muchísimas más».

Poco a poco, las mesas se van llenando. Y eso que la feria acaba de empezar. Da igual que sea día de semana o festivo. Que haga un sol de justicia o que el tiempo esté entre Pinto y Valdemoro. El caso es que el marisco, como dice la ranchera, sigue siendo el rey. Y, como muestra, la feira pobrense.