A estas alturas de la película nadie se cree la justificación esgrimida por la Dirección General de Tráfico para sangrarnos los bolsillos: «Es por su seguridad». Si no teníamos bastante con las tretas y triquiñuelas que emplean para recaudar vía foto, ¿por qué no aparecen nunca cuando hay motivos para ello si no hay posibilidad de multar? Casos los podemos ver a cientos: señalizaciones de obras que se pudren en el arcén, zonas de visibilidad reducida por motivos que se pueden subsanar, señales equívocas, obras que atentan gravemente contra la seguridad vial? ¡Qué ocasiones para que practicaran caligrafía sin riesgos a terceros!
Desde hace algún tiempo llama mi atención lo que fue una rotonda mal planificada que ha degenerado en una no rotonda. En la carretera de Noia a Boiro, prácticamente en este último término, tras pasar el viaducto bajo el cual discurre la autovía, hicieron una rotonda sin el mínimo espacio para ello, con lo cual los primeros camiones que giraron resquebrajaron su base y tiraron las señales. Era tan evidente la inviabilidad de aquella actuación que alguien -con el mismo coeficiente que quién la diseñó- optó por retirarla, dejando la huella del círculo para que hiciese la misma función. La señalización vertical tiene deficiencias y en el asfalto hay menos pintura que en un bote de laca de uñas. Siendo el peligro para la circulación evidente, hasta el momento no escuchamos al sermoneador mayor del reino, Pere Navarro, ni a ninguno de sus eficientes subordinados, el mínimo comentario o denuncia al respecto.
Cambiando de asunto. Sorprende de forma negativa la impotencia de las fuerzas de orden público y de la Justicia para poner en su lugar a los cuatro macacos que un fin de semana sí y otro también destrozan coches, apalean a algún joven y provocan todo tipo de altercados en la movida boirense. No vale decir que son cuatro en medio de mil, porque eso ya lo sabemos todos. Precisamente por ello, las autoridades y las fuerzas del orden deben proteger a todos los demás. O que es imposible controlar a todos. Debe serlo. Para ello se pueden adoptar muchas medidas antes de admitir el fracaso. Una que en su día se aplicó a los hinchas radicales (también cuatro y reincidentes) puede ser efectiva: presentarse en el cuartel de la Guardia Civil los sábados por la noche. O el arresto domiciliario ese mismo día. Y otras que a día hoy son factibles y están contrastadas para prevenir otro tipo de delitos. Por ahora ha habido mucha suerte de no tener que lamentar una pérdida, a pesar de la brutalidad y de las armas usadas en los enfrentamientos. Si llega esa fatídica tormenta, como siempre, nos acordaremos de Santa Bárbara cuando truene.
Para finalizar, después de mil retrasos, denunciados también desde esta colaboración, felicitar a los adjudicatarios de las viviendas sociales de Xarás. Al fin pueden instalarse en sus deseados hogares. Desearles largos años para disfrutarlos y que recuperen pronto el sueño perdido por causa de cuatro incompetentes, a los que nadie pedirá explicaciones porque esto es España, mismo paralelo que Grecia, Italia o Portugal.