Protestó contra la peatonalización de Santos Mieites en Barbanza, Santiago y hasta Madrid. Ahora, resignada, la comerciante sostiene que repetiría aquellas andanzas
07 mar 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Convencida de que el proyecto de peatonalización del casco urbano de Boiro supondría la ruina de su negocio de loterías y del resto de las tiendas de la villa, Otilia Ojea se aferró a una pancarta para iniciar una batalla que la llevó a encerrarse en la casa consistorial, a instalarse frente a la vivienda del presidente de la Xunta y a apostarse ante el Congreso de los diputados. Pese a su incansable lucha, el plan de humanización de Santos Mieites se efectuó y ahora esta comerciante asegura que sus peores temores se cumplieron: «Isto é a ruína total». Por ello, asegura que repetiría aquellas andanzas que despertaron la compasión de unos y el rechazo de otros muchos.
Este particular periplo de Otilia Ojea tuvo lugar entre los años 2006 y 2007, desde que en el Ayuntamiento boirense empezó a tomar forma un plan para restringir el tráfico rodado por la calle Santos Mieites y hasta que la maquinaria pesada tomó el vial. Primero, la comerciante se dejó ver con su pancarta por la localidad. Pasaba muchas tardes sentada en la plaza del Concello y se convirtió en una devota de las sesiones plenarias y de todo tipo de actos políticos.
Esta luchadora incansable se llevó el primer batacazo cuando se humanizó uno de los tramos de Santos Mieites. Fue a medida que avanzaban las gestiones para ampliar esta actuación al resto del vial cuando Ojea empezó a recrudecer sus protestas. Se pasó varios días en San Caetano, frente al edificio de la Xunta de Galicia, y en Monte Pío, en las inmediaciones de la vivienda del entonces presidente de la Xunta, Emilio Pérez Touriño. Incluso protagonizó un encierro de un par de días en la casa consistorial boirense y no dudó en encadenarse a un contenedor de basura para tratar de impedir que los obreros desembarcaran en la calle.
Harta de sentirse incomprendida en su tierra, Otilia decidió dar el salto a la capital, donde buscó un lugar estratégico, las puertas del Congreso de los diputados. Allí, llegó a hacerse con pases para acudir a alguna de las sesiones.
Descenso de la actividad
Toda esta peregrinación le valió de poco a la comerciante boirense, que fue testigo de las obras que se ejecutaron a las puertas de su establecimiento para eliminar las plazas de aparcamiento y restringir el paso de vehículos. Sostiene que esta actuación tuvo las consecuencias que ella esperaba: «Ao final pasou o que eu pensaba e a xente non se cría, algúns comercios da rúa incluso pecharon. Ao meu, viñeron incluso da Coruña a preguntar que pasaba, porque a liña que marca a actividade do establecemento caeu en picado».
Tan convencida está de la injusticia que se ha cometido con los comerciantes de Boiro, que Ojea estaría dispuesta a seguir luchando: «O meu convencemento é tal, que non dubidaría en chegar máis alá, pero foi a miña familia a que me pediu que parara e, por eles, vinme obrigada a abandonar».
La boirense reconoce que en muchas ocasiones se sintió sola en su lucha, pero en su mente guarda con cariño un buen número de recuerdos positivos: «Houbo unha tempada na que ía con frecuencia a San Caetano e alí xa me coñecían todos. Como era inverno, pasei moitas horas ao frío e á chuvia, e nunha ocasión incluso se me achegou un policía para ofrecerme un café».
Solidaridad
También durante su estancia en Monte Pío, Otilia consiguió ganarse el afecto de algún que otro vecino: «Había unha señora que saía a pasear todas as mañás e en máis dunha ocasión ofreceuse para aguantarme a pancarta mentres eu ía almorzar». El mensaje del cartel que siempre llevaba encima, Non queremos calle peatonal. Déjennos vivir , incluso llamó la atención de un grupo de alemanes que se encontraban de visita en Madrid: «Colocáronse detrás da pancarta e alí se quedaron un tempo comigo».
La boirense señala que fueron precisamente estos gestos y los ánimos que durante aquel periplo recibió por parte de algunos de sus vecinos los que le dieron fuerzas para seguir adelante en la defensa acérrima de su causa. Eso sí, echa en falta que algún político, por lo menos, dedicara cinco minutos de su tiempo a escucharla: «Cada vez que vía a Touriño pasar no coche cara a súa vivenda chamábao e un día incluso xirou a cabeza e se me quedou mirando, pero nunca chegou a parar».
Tampoco Llamazares, a quien Otilia se encontró a las puertas del Congreso de los diputados, se detuvo a interesarse por su causa. En este caso fueron un par de guardaespaldas los que impidieron a la boirense acercarse al que era líder de Izquierda Unida: «Si é certo que me queda esa espiña cravada, xa que foron moitos os cidadáns que en todos os lugares aos que levei a miña protesta se achegaron para preguntarme os motivos que me levaban a actuar deste xeito e, pola contra, ningún político se dirixiu a min».
Pese a ello, Otilia Ojea tiene la conciencia tranquila. Manifiesta que hizo todo lo que estaba al alcance de su mano para tratar de evitar la peatonalización de su villa. Ahora, desde su hogar y desde el establecimiento que tiene, continúa en sus trece: «Sig o reivindicando a entrada en vigor dunha lei específica contra este tipo de atracos».