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Maxi Olariaga

BARBANZA

Tengo a Tucho Lijó por hombre equilibrado, «boa xente» sin necesidad de cultivar el tosco jardín del mal humor ni de regar con vitriolo las pocas flores que en él se dan. La entrevista que Ciprián Rivas le hizo en estas mismas páginas el pasado 10 de enero multiplicó por diez esta opinión.

Tiene Tucho y muchos de sus amigos que echan agua al fuego de estos tiempos en las tertulias del Plaza, esa luz que alumbró a los renacentistas. Es diplomado en Magisterio, secretario del Ateneo Valle-Inclán y hostelero. También más cosas, pero esas tres ya indican los vieiros por los que circula. La entrevista es de las de leer y tomar notas. Es cierto que el periódico acierta en el titular, ya que una vez se ve, engancha. Dice así: «Os mestres igual que os pais, non son colegas do alumno ou do fillo». Palabras de Antón que no es hombre viejo en edad ni caduco en las ideas.

Colegueando se nos ha ido la educación por las cloacas y el respeto se pudre en los pozos negros bajo el cemento de los edificios. Colegueando se reparten navajazos, amenazas y malentendidos. Colegueando te alquilas una sombra en el oscuro callejón de las drogas. Y colegueando te quedas embarazada o embarazante y le echas la culpa a tus padres, a los profesores, a tu espermatozoide Usaín Bolt o a tu óvulo que se olvidó de colgar el letrero de «reservado el derecho de admisión».

Colegueando se olvidan los libros en la percha del desamparo y colegueando te lías a patadas con un mendigo alcohólico en su dormitorio-cajero de Caixa Galicia. Colegueando lo encharcas de gasolina y colegueando le prendes fuego. También los mayores colegueando se van de botellón a las Azores y? diez años, once, de guerra y muerte, qué más da. Mientras se coleguea en los escaños del Sacro Imperio, se mueren de hambre y sed miles de personas, las que por los pelos no habían contraído diez mil enfermedades distintas.

Tucho Lijó, que conoció el colegio de bofetada de cando en vez, no se escandaliza por eso, aunque no lo comparte. Lo que sí parece escandalizarle es la actitud permisiva del colegueo que conduce a una lenidad que raya en el abandono y la dejación de funciones.

El principio de autoridad es algo para Lijó que hay que dejar muy claro, y mal haya quien confunda esto con el autoritarismo. De esos también los hay y ya sabemos a donde nos han conducido con una frecuencia histórica cada vez más próxima en sus ciclos.

Les sugiero que lean esa entrevista que a estas horas supongo cuelga de la página de Internet que titula este artículo.