El sol brilló para el Nazareno

BARBANZA

Pese a que el día amaneció gris, el cielo se fue abriendo en A Pobra a medida que se acercaba el inicio de la procesión de As Mortaxas, un año más, multitudinaria

23 sep 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Tercer domingo de septiembre, o lo que es lo mismo para miles de personas, día del Nazareno. Solo los madrugadores, o los centenares de personas que se desplazan hasta la villa de A Pobra en autobús, logran aparcar en una zona más o menos próxima a la iglesia de O Castelo. Aquellos que no se resisten a esa última cabezadita se ven obligados a empezar la peregrinación antes del arranque oficial de la procesión de As Mortaxas.

Y es que el domingo, como ocurre cada año, los devotos empezaron a arremolinarse en el entorno del templo que acoge al Divino Nazareno cuando las agujas del reloj todavía no habían marcado las ocho de la mañana. De hecho, a esa hora ya era casi imposible acceder al interior de la iglesia para hacerse con una estampa u otro recuerdo del santo.

En esos momentos, el cielo estaba totalmente gris e incluso caían unas gotas que amenazaban con aguar As Mortaxas. Pero, a medida que se acercaba el inicio del desfile, las nubes fueron dando paso a un sol que brilló con todo su esplendor para recibir al Nazareno. A las once, el redoble de los tambores y el sonido de las gaitas anunciaba el arranque de la procesión.

De toda la comitiva, dominada por el color morado de las túnicas de los ofrecidos, los pies descalzos y los centenares de velas encendidas en honor del santo, una parte despertaba una curiosidad especial: los nueve ataúdes que desfilaban delante de la imagen del Cristo. Las cuatro cajitas blancas, los niños que las portaban y los pequeños que iban tras ellas, algunos de tan corta edad que eran trasladados en cochecitos, conformaron sin duda el centro de atracción de millares de ojos.

Parada en A Covecha

El otro gran foco de la procesión estaba, como no podía ser de otra forma, en el Nazareno, que desfilaba escoltado por alumnos de la Escuela Naval de Marín. La imagen cobró, si cabe, un mayor protagonismo cuando llegó a la altura de A Covecha, donde fue recibida con una estruendosa traca de bombas de palenque.

Los devotos aprovecharon la parada que se hizo en este punto para tratar de tocar la túnica del santo. Otros se conformaron con conseguir que las personas que rodeaban al Nazareno frotaran pañuelos, joyas y otros objetos personales por su vestimenta.

Hacia la una de la tarde, y como manda la tradición, el Cristo regresó al templo de O Castelo, donde tuvo lugar una misa solemne que muchos fieles se vieron obligados a seguir desde el exterior del edificio.

A partir de entonces, el fervor, la devoción y la pasión que, tal y como quedó demostrado el domingo, sigue despertando el Divino Nazareno, dieron paso a escenas mucho más lúdicas y festivas. Las atracciones instaladas en el relleno portuario empezaron a funcionar, llenándose de chiquillos ávidos de diversión, y el bullicio invadió las calles del casco urbano pobrense, hacia donde se dirigió la multitud en busca de una terraza en la que poder descansar los pies doloridos de la larga caminata y refrescar la garganta seca de tanta emoción.