Devotos de toda la comarca muradana cumplieron con el encuentro anual con la Virgen del Monte de Coiro
28 ago 2007 . Actualizado a las 02:00 h.Ni la tormenta, que durante la mañana del domingo amenazaba la comarca muradana, pudo con los devotos de la Virgen del Monte y otros asiduos a la comida campestre en el lugar de A Romaxe. No obstante, la lluvia torrencial caída a mediodía mermó la presencia de participantes en esta celebración popular. Aunque la jornada del último domingo de agosto es la fecha elegida para homenajear a la santa, hace años que en el día previo tienen lugar una serie de actos menos concurridos pero, si cabe, más singulares y llamativos, como el traslado de la imagen desde la iglesia de Coiro hasta su ermita en A Romaxe.
Lo más curioso de esta procesión radica en que los grupos musicales que acompañan el traslado, una vez agotado su repertorio religioso, recurren a otros ritmos para no repetirse. Así, es frecuente escuchar pasodobles, rumbas y otras piezas, sin que los devotos o el párroco protesten por dichos sones. Una vez llegados al campo de A Romaxe, se oficia una misa, mientras la comisión de fiestas prepara el menú para los asistentes.
La comida se inicia con una sardiñada y prosigue con churrasco y dulces, amenizada por un grupo folclórico. Tras los postres, se desarrollan actividades lúdicas, sobre todo las relacionadas con la equitación, pues son muchos los jinetes que se citan en este paraje.
Desde primera hora del domingo acudieron numerosos romeros a Coiro, unos para asistir a las misas rezadas, otros para elegir el lugar de la comida y los feriantes para instalar sus atracciones, tenderetes y puestos de alimentos. Este año escaseó la oferta de productos de la zona, aunque se pudo encontrar frutas y miel. En medio de la preparación irrumpió una gran tormenta que presagiaba un desastroso final. Pero, el sol volvió y los actos previstos siguieron su curso con una misa de campaña.
Comida
La procesión con las imágenes de A Romaxe y Santa Lucía puso el broche de oro a los actos religiosos para proseguir la celebración con un concierto de la banda de música de Outes, la sesión vermú con la orquesta Armonía y la actuación del grupo de gaitas de Mazaricos. Después de tal trajín, y con los estómagos ansiosos de ingerir viandas, el bosque circundante al campo de la fiesta se llenó de comensales en poco tiempo y sobre el césped aún húmedo, se tendieron toallas y manteles, en los que afloraron empanadas, tortillas, carne y algún que otro marisco.
Con los postres ya se alzó el murmullo, que muy pronto se convirtió en canción multitudinaria, acompañada por instrumentos musicales. La organización de los festejos también contribuyó con la algarabía, encomendando a grupos folclóricos que recorriesen todo el campo con sus melodías. Mientras algunos aprovecharon para echarse una siesta, los romeros realizaron paseos a caballo, participaron en tertulias y practicaron juegos populares.