TRIBUNA PÚBLICA | O |
18 jul 2007 . Actualizado a las 07:00 h.A TRAVÉS del acuerdo marco, firmado por el BNG y el PSOE, los dos partidos trataban de extrapolar al ámbito municipal el esquema del bipartito de la Xunta. Pero, como ya han subrayado diferentes politólogos, entre ellos el profesor Roberto Blanco Valdés en este mismo periódico, existen toda una serie de razones teóricas que pueden invalidar el esquema. La más importante es la mayor dificultad para deslindar tan nítidamente las competencias entre los socios en el ámbito municipal si se compara con lo que ocurre en San Caetano. La imposibilidad orgánica de crear un esquema de bicefalia en los concellos, como pretendía el BNG, ha exacerbado los conflictos en los ayuntamientos donde tenía menor peso relativo y, paradójicamente, ha aumentado las exigencias de los nacionalistas en los concellos donde tiene la mayoría relativa. Esta falta de generosidad, ambición o deslealtad, ha llevado a que en muchos ayuntamientos se procediera a la elección del alcalde antes incluso de llegar a un acuerdo de gobierno. A mi modo de ver, esto es lo que ha ocurrido en Boiro. Desde el día 16 de junio, Boiro tiene el alcalde que tiene, porque había que salvar las directrices de Santiago, pero no tiene ni equipo ni organigrama de gobierno. El BNG ha acorralado al PSOE para obligarle a votar al alcalde y el PSOE se ha enrocado en legítima defensa ante lo que interpreta como un abuso de poder por parte de su socio. La percepción es que el BNG se ha comido todo el gobierno y el presupuesto asociado a sus áreas y le ha dejado al PSOE los parques y jardines. No extraña por tanto el malestar de los simpatizantes y votantes del PSOE. Lo que sí ha extrañado, y al menos a mí gratamente, es que los socialistas hayan votado en contra de las asignaciones presupuestarias para la remuneración de los cargos. En un análisis simplón se podría decir que mejor que mejor, así no cobra nadie. Pero esto no es serio. Un ayuntamiento como Boiro debe tener las dedicaciones necesarias para su buen funcionamiento, con unas retribuciones claras y transparentes. Para mí, la intención del partido socialista al votar en contra de las dedicaciones, no era sólo un aviso y un arma de defensa. Era un claro mensaje de hastío y cansancio. Porque lo grave de esta situación es que puede acabar mandando en el Concello un solo partido que no ha ganado las elecciones y que se va a permitir ningunear a su socio y menospreciar a la oposición. Apoyos Boiro no puede permitirse tener un alcalde con un gobierno ficticio con competencias sin definir y sin un organigrama claro de gobierno. Ahora mismo, la corporación necesita saber los apoyos con los que cuenta el alcalde y viceversa. Y en la ley electoral existen mecanismos democráticos contemplados para aflorar este tipo de apoyos. En todo caso, Boiro necesita la resolución de esta crisis de una manera clara y definitiva lo antes posible. Y si bien es cierto que el sistema de partidos políticos tiene sus reglas fijadas, también es cierto que los concellos, como eslabones básicos del sistema democrático, no pueden supeditar su funcionamiento a las imposiciones partidistas. Boiro, como todos los pueblos, se gobierna por todos sus ciudadanos representados en la corporación local y no desde Santiago de Compostela. Si el BNG sigue tensando la cuerda acabará rompiéndola y le rebotará en la cara.