La carpa para ver, oír y también tocar

María Hermida
María Hermida RIBEIRA

BARBANZA

CARMELA QUEIJEIRO

Reportaje | Singular actividad en A Pobra Una legión de niños pobrenses tuvieron ayer la oportunidad de comprobar los atractivos de un espectáculo que estará instalado en su municipio hasta el día 10

05 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

?ue un espectáculo permita, además de ver y oír, tocar y aprender jugando es algo que arranca la sonrisa de cualquier niño. Incluso, de aquel al que le pille en medio de un infernal berrinche. Quedó comprobado ayer en A Pobra, donde hasta una pequeña enfadada con sus compañeros de colegio, que se pasó parte de la mañana de espaldas a sus socios de pupitre, finalmente cedió y probó encantada los múltiples atractivos que ofrece la carpa que Caixa Galicia inauguró en la plaza Mayor pobrense. Quedó patente porque, en medio de una legión de pequeños de Educación Infantil de O Conchido y de A Angustia pletóricos, llenos de felicidad por los pañuelos de pirata que les pusieron en la cabeza nada más llegar, una pequeña ponía morritos y se negaba a colorear la ficha que alegremente emborronaban sus amigos. Compañeros como Adrián o Carla la animaban, pero ella erre que erre a que no. Sin embargo, tardó poco en ceder. Y es que la carpa es mucha carpa. Primero, los niños pintaron. Pero luego, también a ellos les rozó la pintura: dos personas se encargaron de convertir sus rostros en los de auténticos piratas. Y, a mayores, unas chicas convertidas en las mismísimas hermanas del Capitán Garfio les regalaron gorras. Eso, por no hablar de lo sucedido con los mayores. Y es que, mientras los pequeños se dedicaron a la pintura, para los chavales de sexto de Primaria del Colegio Salustiano Rey Eiras, la diversión estuvo dentro de un globo. Cúpula hinchable Sí. En una cúpula hinchable, los pequeños descubrieron cómo es eso de ser astronauta. Pero antes de comprobar los entresijos de la profesión, los niños no ocultaron sus risas. No era para menos: la instalación obliga a acostarse para ver una película, por lo que allí estaban en posición horizontal desde el alcalde, Isaac Maceiras, a varios directivos de Caixa Galicia. Sin embargo, pese a la comidilla inicial, los adolescentes estuvieron bien atentos a todo lo que tiene que hacer alguien que decida irse al espacio. Incluso, a través de la gigante y redonda pantalla, se enteraron de cómo late el corazón de quien sale de la Tierra. «Estivo moi ben», dijeron Lidia y Cristina al unísono. Su opinión coincidía con la de muchos colegas. Aunque, la verdad, es que otros deseaban que acabase por todos los medios. ¿Querían irse? No, querían jugar con Aivon, el perro robot que es protagonista de actividad y al que todos los barbanzanos pueden visitar hasta el 10.