Basuras

LA MARAÑA | O |


ESTAMOS RODEADOS por la inmundicia. Les hablo de vísceras, detritus, papeles, botellas, muebles viejos, electrodomésticos, colchones y cacerolas. ¡Qué asco! Paseo por los pueblos barbanzones y veo que la basura se acumula en calles, plazas y alamedas, en bordes de carreteras y caminos, en accesos a playas y en arenales. Hay contenedores en el casco urbano, que parecen suficientes, abarrotados de bolsas. La basura deleznable es la que ocupa los suelos de las calles. Se abre un paquete de tabaco en la puerta del estanco y allí queda el plástico y el papelín dorado. Abre la cerveza el camarero y la chapa rueda entre las mesas. Mamá da un plátano al nene en la alameda y la piel se acuesta bajo un banco. Vuelan entre las flores las ofertas de supermercados y los portales comunitarios parecen la entrada de unos grandes almacenes. Todo en papel volandero y pegajoso, del que es difícil desprenderse. Las cartas de amor, las noticias de la familia en el extranjero fueron sustituidas por las de los bancos. Cartas indescifrables en las que nos cargan o abonan porcentajes ininteligibles vuelan hechas confeti, y que hicieron desaparecer a las golondrinas que cada verano en sus vuelos nos libraban de mosquitos. Defecan las gaviotas sobre los humanos y los automóviles. Riachuelos de aceite trazan sobre las losas una geometría imposible y las fugas de las camionetas congeladoras perfuman de aroma de xardas y mariolas, sardinas y xoubas las pendientes que llevan a la ría. ¡Ah, la ría! Noia, alma mía, pobrecilla con esa ría que ni el propio Andy Warhol hubiera podido atrapar en su cliché para lograr un monumento a la porquería. Vasos, neumáticos, botellas sin mensaje, ropa interior, compresas, sillas y mesas. Y en medio una lavadora oxidada observando el hediondo panorama con su ojo muerto. ¡Qué paradoja! Ella que todo lo dejaba limpio y fresco como el recuerdo del cabello del primer amor. Allí está la lavadora varada, ahogándose en su propio vómito. Y prepárense, en breve comienza la campaña electoral. ¡Más madera!, decía Groucho. Más papel, diría yo. Y probablemente, mojado.

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