LA LLAVE
22 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.A MÁS de uno ha sorprendido ver a un grupo de personas ataviadas con camisetas pidiendo la dimisión del director del instituto Coroso. Extrañan tantos esfuerzos para sacar de delante al maestro al que dedican calificativos que suenan a antiguos, como si la movida se hubiese gestado en otros tiempos y permaneciese en la incubadora de la venganza para eclosionar en el momento (in)oportuno. ¿Qué ha sido de aquel instituto que emergió de las cenizas del desprestigio para convertirse en ejemplo educativo? ¿Una decisión gubernamental es suficiente para echar por suelo todo lo andado? ¿En una sociedad que se dice democrática todos tenemos que pensar igual? Harían bien los esforzados de la protesta en concentrar la presión en que el centro siga siendo un abanderado de la calidad formativa, en luchar a favor de, y no en contra de, porque de educación todos tenemos mucho que aprender.