Testimonios Las interrupciones en el suministro constituyen un gran contratiempo para las fábricas; algo especialmente grave en algunas comarcas con un elevado déficit de industrias
01 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.?a empresa As Lombas de Carnota, dedicada a la fabricación de plástico, paga recibos de luz de catorce mil euros, pero el hecho de ser tan buen cliente no le garantiza un suministro continuado de energía. El jefe de planta de la factoría, Francisco León, asegura que, prácticamente, no hay semana al año en la que no sufran cortes de luz. Eso, en una industria que permanece activa de manera ininterrumpida los siete días de la semana, es un auténtico problema. Si la interrupción se prolonga más de 120 minutos se pierde un turno de actividad, entre seis y siete horas, que es el tiempo que se tarda, explica León, en reiniciar las máquinas que funden la materia prima y la convierten en grandes bobinas de plástico. Cuando la falta de suministro no supera el par de minutos también hay problemas, porque los equipos son automáticos y detectan la interrupción, lo que deriva en la rotura de la bobina de plástico. Después de reclamar ante la empresa suministradora y diversos organismos, Francisco León afirma: «Nos sentimos desamparados». La factoría de As Lombas fabrica bolsas de plástico para grandes distribuidores de alimentación gallegos, con los que firman contratos anuales a cambio de que se comprometan a satisfacer los pedidos en el tiempo solicitado. Debido a los cortes de luz, no es la primera vez que pasan algún apuro para satisfacer la demanda. León cuenta que en la sección de impresión, cuando deja de llegar la energía, la pintura se derrama por el plástico como si fuese una cascada. En Carnota, otras dos empresas padecen problemas similares; un hecho preocupante en un municipio en el que, precisamente, no abundan las industrias ni los puestos de trabajo. A otra escala, el pequeño empresario ribeirense Joaquín Sieira también tiene su particular batalla con la luz. Posee un taller de chapa y pintura en A Gándara, Oleiros, y hace sólo unos días estuvo ocho horas sin suministro: «Non pechei a porta por se viña algún cliente», comenta. Sieira afirma que si falta la energía se le desorganiza todo el trabajo, y que ya no es la primera vez que se ve obligado a llamar a un cliente para explicarle que no le podrá entregar el vehículo en el plazo acordado. Joaquín Sieira se queja de que todos los inviernos ocurre lo mismo, pero reconoce que no ha presentado ninguna reclamación individual: «Penso que é pelexar contra as paredes».