Veinticinco años

ALICIA FERNÁNDEZ

BARBANZA

DESDE FUERA | O |

23 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

UN SUSPIRO y poco más ha pasado desde aquellos días de febrero, pero cuánto hemos cambiado los españoles y España. También el mundo: pueblos, gobiernos, fronteras e ideologías. En eso pienso estos días cuando escucho las tertulias de radio o veo los especiales de prensa y televisión. Aquella tarde era una más en el instituto, hasta que un profesor nos trajo la noticia: ¡la Guardia Civil ha entrado en el Congreso de los Diputados! Marchamos a casa sin tener una conciencia plena de aquella acción, la que más y la que menos a vueltas con las repercusiones que podría tener, mirando de reojo a un pasado reciente. Recuerdo las caras de preocupación de mi familia, su negativa a cualquier salida nocturna de casa. Durante la cena hubo más atención depositada en la radio que en el plato. Con el mensaje del Rey llegó una mayor relajación, aunque seguían las conjeturas sobre las posibilidades de la intentona golpista. Las noticias mecieron mis sueños y mi despertar. De camino a las clases el comentario mayoritario giraba en torno a la resolución pacífica del problema, al papel de Su Majestad y ya se oían los primeros chascarrillos sobre el sainete que todavía se representaba en el Congreso, quizás para disipar los miedos porque las ganas de reír, a aquella hora, todavía eran pocas. Al acabar el recreo, ya enteradas de que se habían entregado los golpistas, teníamos clase con un profesor que se presentara como candidato por el Partido Comunista en las anteriores elecciones generales y, con intención, le preguntamos qué noticias había del Congreso, respondiendo con sorpresa: «¡ Ah! Non sabedes que xa se entregou ese paiaso», y comenzó su clase como si nada hubiese sucedido. Volvíamos para comer cuando algunos lo hacían de Portugal y otros hurgaban en los restos de las hogueras. Días después un pueblo gritó: ¡Libertad!.