El solar en el que Mercadona ha puesto sus ojos, como uno de los posibles emplazamientos para su desembarco en Noia, estuvo marcado, tiempo atrás, por una intensa polémica política. Durante el mandato de García Guerrero, este intentó sacar adelante sin éxito un convenio para recalificar esa parcela de uso industrial, de unos cinco mil metros cuadrados, con la finalidad de que se pudiera construir sobre ella una urbanización residencial. A cambio, se proponían una serie de contraprestaciones para el Concello, tales como la cesión de zonas verdes y viales y la donación libre de cargas de la casa matriz de la fundación Romero Blanco Monroy. Las negociaciones entabladas por el Ejecutivo de García Guerrero con los propietarios de la finca y los promotores de la urbanización suscitaron críticas por parte de los grupos de la oposición que llegaron incluso a forzar la retirada del convenio del orden del día de un pleno. Pero quien realmente tumbó la propuesta de recalificación que se pretendía para el solar fue la Consellería de Política Territorial que, en el año 2003, emitió un informe desfavorable por considerar que la edificabilidad que se sugería era excesiva, lo que obligó a dejar como estaba la calificación de uso industrial.