Reportaje | Familia numerosa en Eirón
04 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.Resulta paradójico que mientras que el número de hijos por pareja sigue descendiendo, el crecimiento vegetativo registra una tendencia negativa y, sobre todo, que el éxodo rural hacia los grandes núcleos de población es fácilmente constatable, siga en aumento en las aldeas el porcentaje de domicilios en los que viven cinco o más habitantes. En las ciudades sucede todo lo contrario, disparándose considerablemente el número de hogares unipersonales. Ya se sabe que la zona rural siempre tuvo la fastidiosa costumbre de echar por tierra todas las previsiones, tendencias y estadísticas poblacionales. Los datos son lo suficientemente claros: Mazaricos, Outes y Lousame, tres de los municipios más rurales de la zona, triplican la media gallega de hogares numerosos. Nada menos que cuatro de cada diez viviendas mazaricanas están habitadas por, al menos, cinco personas. La casa do Canteiro -en la aldea, las familias se siguen conociendo por el apodo de su inmueble-, es un ejemplo de una situación que por común no deja de sorprender. En ella conviven tres generaciones: los abuelos, Miguel y Orentina, ambos jubilados; los padres, José Antonio y Marisa, que están al frente de una explotación ganadera; y los tres hijos de ambos, que si bien estudian o trabajan en otra localidad, tienen en este hogar de la aldea mazaricana de Eirón su domicilio habitual. Como ellos hay en la actualidad otras 8.657 familias. Las causas de esta realidad son variadas, de compleja explicación y, en muchos casos, están directamente relacionados con motivaciones económicas. Entre ellas figura el envejecimiento de la población, en la inmensa mayoría de los hogares existen personas de la tercera edad, o la dificultad para la compra de la primera vivienda por parte de los más jóvenes. La emigración, omnipresente en cuanto dato demográfico se preste, también deja su huella en este caso. En la actualidad son muchas las personas que bien por las necesidades de atención que precisan sus ascendientes mayores o bien por llegar a la edad de jubilación en sus países de trabajo deciden regresar de forma definitiva a sus hogares. La idea de la familia del futuro no difiere mucho de una pareja con uno, máximo dos hijos. Y lo cierto es que analizando la realidad de la comarca barbanzana, y en el caso de conservarse las tendencias actuales, es probable que en el área rural tarde décadas en imponerse.