La venta de pescado fresco disminuyó un 75% en la comarca

Jose Manuel Jamardo Castro
J. M. Jamardo RIBEIRA

BARBANZA

Algunas capturas proceden de Vigo y otras las traen marineros del arrastre Los precios de especies como el lirio se han duplicado en las últimas jornadas

21 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Todo un lujo. Poder comer pescado fresco estos días no está al alcance de muchos los bolsillos. La semana ha pintado mal para los vendedores al por menor de productos del mar. La huelga del transporte primero y ahora del sector pesquero ha puesto contra las cuerdas a un importante colectivo que vive de la venta diaria. A pesar de los problemas, en las plazas de abastos aún hay algunas bancadas que ofrecen mercancía. Eso sí, los bolsillos son los que más notan la diferencia, al incrementarse considerablemente el coste. La oferta se redujo un 75% en Santa Uxía, así como en el resto de la comarca. La plaza de Ribeira es de las más importantes de la comarca por el volumen de transacciones y también por su proximidad a la rula de la ciudad. Algunas pescantinas ni aparecieron por el recinto porque no hay mercancía para ofrecer. Otras, sin embargo, exponían cuatro o cinco especies y en cantidades muy inferiores a las de una jornada normal. Una de las placeras explicó que les quedaba algo de palometa que habían adquirido el día anterior. El resto de la mercancía se la había traído su proveedor habitual de Vigo. Variaciones La castañeta fue uno de los pescados más abundantes en el mercado y se pagaba a unos 4 euros el kilo. La semana anterior no superaba los 3. La pescadilla era otro de los productos perecederos que se podía adquirir. Había que desembolsar 8 euros, cuando hace unos días estaba a 5. El kilo de calamares costaba 10 euros, uno más que la semana pasada. Los rapantes pasaron de 5,5 euros a los 7,5 que pedían ayer las pescantinas. El rape y el abadejo estaban en una situación similar. Pasaron de 9 a 12 en sólo unas jornadas. Las tenderas se quejaban de que la asistencia de clientes a la plaza de abastos ha disminuido considerablemente. «Cren que ao estar a lonxa pechada que non hai peixe. A presencia de público descendeu e a pouca mercancía que temos e difícil de comercializar», dijo la propietaria de un puesto. María Luisa Fernández, una veterana profesional, reseñaba que la semana fue muy mala. «Apenas vendemos, porque non hai mercancía nin xente. Os gastos son os mesmos, pero os ingresos moi poucos». Reconoció que ella tenía algo de producto porque el marinero de un arrastrero que salió estos días al mar le vendió su parte. Un poco de lirio, que pedía a 4 euros el kilo, el doble de hace unos días, algo de merluza, rapantes y pescadilla. La mujer no sabía si hoy podría acudir a su puesto. Eso depende de si le sobraba mercancía de ayer. Toda una incógnita.