DESDE FUERA | O |
04 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.A EIROA está en Europa. Pero de verdad. Plegada en unas carpetas verdes de cuero repujado que cualquier día de estos los ujieres del Parlamento pondrán sobre las mesas de caballeros británicos, holandeses, alemanes,... Qué pensarán estos sabios cuando abran la carpeta mágica y se encuentren con que un minúsculo grupo de gente de un minúsculo lugar suplica a su señoría que no permita que de orilla a orilla se tienda un viaducto por no ser conforme a las leyes de la naturaleza y por poner en grave riesgo la economía de la gente resultante del cuidado y cosecha de un pequeño bivalvo llamado berberecho. Hablarán con sus colegas españoles según su afinidad. Pondrán el gesto serio y moverán sus venerables cabezas de un lado a otros mientras se toman un café en el ambigú. Consultarán a sus técnicos y hasta es posible que alguno recuerde haber pasado por este mar en un crucero aniversario de boda. Debatirán, sí, mirando el reloj que anda más lento que el de sol que proyecta la sombra del cruceiro de Eiroa. Según las instrucciones emanadas de la comisión correspondiente de su correspondiente partido llegarán a las conclusiones y alzando su mano con gesto indolente votarán un sí o un no al viaducto sin que por un momento se les haya pasado por la cabeza el factor humano: Ramón, María, Lola, Luis,... Gentes que «chova ou vente» mantienen su fe sobre las escalinatas del ayuntamiento. Hablará el oráculo y el oráculo no yerra. Pero ahora los que iniciaron este vía crucis/viaducto se han encontrado con la traca final. En la oscuridad del cajón de un despacho de la consellería, ¡mecachis! , aparece un informe de los propios biólogos de la Xunta en el que se desaconseja el proyecto y se propone como mejor solución la opción Lousame. ¡Los santos mártires de A Eiroa y San Pedro García Vidal nos protejan!