DESDE FUERA | O |
13 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.LA RELACIÓN existente en un pueblo entre la familia, el municipio y la educación puede ser un factor determinante para el progreso si va unida a una conciencia de solidaridad. Los vecinos del pueblo podrían ser comparados con un mosaico, como elementos complementarios para formar un todo. Sería necesaria una cultura humanizada, un desarrollo de la vida interior del hombre, en la que estuviese presente la voluntad del diálogo y reflexión y la capacidad de comprensión unida a una amplia visión mental. Esto no es una tarea fácil de realizar, porque son muchos los problemas sociales que nos afectan. No podemos considerarnos ciudadanos libres si estamos dominados por el consumo, el hedonismo, la irresponsabilidad cívica y, sobre todo, la falta de ética, que es lo menos que se debe pedir. Hay que luchar por una sociedad con evolución material en la que nadie carezca de lo indispensable, y esto es comunión con lo bello. No podemos limitar nuestra vida diaria a una rutina. Estamos ante un nuevo tipo de sociedad, la del tiempo libre y con ello surge un nuevo problema, la patología del ocio. Aristóteles ya nos hablaba en su política de una educación para todos. Él consideraba que la educación debe enseñar a los ciudadanos la manera de ocupar su tiempo libre y así, llegará el progreso cultural.