Quejas justificadas

| MONCHO ARES |

BARBANZA

A VECES no acierto a comprender cómo es posible que las mareas rojas se comporten tan caprichosamente. Los desconfiados (yo no lo soy) dicen siempre que las toxinas son el arma arrojadiza que emplea alguien con el fin de favorecer a otros. No me lo puedo creer, sobre todo cuando esgrimen como justificación que mientras los mejilloneros de aquí se ven obligados a realizar otras labores distintas a las de su profesión, está entrando marisco de otras latitudes, de océanos en los que dicen que el mar no sufre semejantes purgas, de países en los que las exigencias sanitarias están muy por debajo de las nuestras, y los impuestos, irrisorios comparados con los de aquí. Presumimos de los mejores productos marinos, y los tenemos, claro, y nos quejamos de sus precios. Tenemos razón en ambas lamentaciones, pero tampoco le faltan argumentos a los productores.