Fantasmas en el Camino

Ana Fontal santiago

BARBANZA

La casa encantada. François y Nicolas , además de ser amigos, forman parte del Movimiento de Jóvenes Católicos de Francia. Aunque les hubiera gustado hacer el Camino desde Saint Jean Pied de Port, por falta de tiempo estos chicos de Montpellier comenzaron su peregrinaje en Lugo. Caminaron una media de unos 27 kilómetros al día y desde el primero de sus cuatro días de peregrinación supieron que éste no sería un viaje que pudieran olvidar fácilmente: «La primera noche dormimos en una vieja y sucia escuela en San Román de Retorta que se utiliza para alojar a los peregrinos. Por momentos no había agua, era muy ruidosa y ¡pensamos que había un fantasma!». Ruta de asfalto. Raquel y Sara son hermanas y este año decidieron hacer el Camino por su abuela. El marido de Raquel, Carlos , quiso acompañarlas y la experiencia, dice, fue estupenda: «Con dos buenas compañeras como éstas, qué te pongan los kilómetros que sea por delante». La peregrinación se les hizo muy dura, especialmente en Lugo. «Allí todo el Camino es asfalto, se te queman los pies. Reivindicamos una ruta de tierra», explican. Pero estos chicos de Valencia saben que el humor es la mejor manera de afrontar las dificultades: «Somos auténticos peregrinos, dormimos al aire libre todos los días. Y la mochila no pesa nada... ¡ai la rehabilitación!», bromean. Más en serio, Raquel tenía un reproche: «Me parece fatal que no les den prioridad a los peregrinos en la puerta santa». Hasta Fisterra. Para Lourdes «el mejor recuerdo del Camino es el compañerismo de algunos y la propia capacidad de esfuerzo que te descubres», Un poco menos espiritual y entre risas, Josu cuenta que lo que nunca olvidará del Camino es «la sopa de ajo con la que el cura de San Juan de Ortego en La Rioja invita a los peregrinos». «Aunque no somos muy católicos, sí tenemos una cultura cristiana e hicimos el Camino, fundamentalmente, porque queríamos conocer qué es. Y ahora continuaremos hacia Fisterra. Queremos ver todo, el rito cristiano y el pagano»», explica este matrimonio vasco. Pero, como cuenta Lourdes, la peregrinación también tuvo malos momentos: «A pesar de que se supone que la gente debe venir a Santiago con cierta espiritualidad, cuando estábamos en la fila para ir a visitar al santo, vimos mucho falseo. La gente se colaba y he tenido que llamar la atención incluso a una religiosa».