DESDE FUERA | O |
21 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.EL INEXORABLE discurrir del tiempo no hace distintos entre ricos y pobres, inteligentes e ignorantes o ciudades y pueblos. Cavilo estos días sobre un ya recurrente comentario que se escucha en cada esquina, en las barras de los bares, en los mostradores de los negocios: los veranos de Noia no son lo que en un tiempo no tan lejano fueron. Ya no se ven extranjeros, estudiantes alemanes especialmente, ni visitantes de otros lugares de España como hace sólo una o dos décadas. Este hecho no deja de ser chocante teniendo en cuenta que, concretamente este año, se celebra un Año Xacobeo; uno de los que más afluencia de peregrinos y turistas ha generado en los últimos tiempos. Curiosamente, al puerto de Compostela no ha arribado apenas nadie. Las causas: cada uno esgrime sus propios argumentos; eso es lo de menos. Las opiniones no cambian la historia; cuentan los hechos. Pienso en esas personas que este año se han acercado a la villa de Noia después de años sin pisar estas mágicas y a la vez infaustas tierras. La imagen almacenada, en ese lugar del alma donde se estiban los recuerdos, no guarda apenas relación con la realidad de hoy. Idealizaciones echadas por tierra. Y el olvido.