Palabras perdidas

| MONCHO ARES |

BARBANZA

SE HAN parado a pensar algún día en la cantidad de palabras vanas, de diálogos absurdos, que se emiten en una conversación? Uno no es muy hablador, pero es consciente de lo importante que es economizar el lenguaje y de lo estúpido que resulta expresarse cuando no hay qué decir. Es chocante que esta conclusión colisione con la de los que se dicen expertos, aquellos que proclaman la importancia de hablar, aunque no tengamos nada que comunicar. Así resulta que en conversaciones forzadas, las típicas del ascensor, se conversa sobre el tiempo, cuando no se emite la dichosa pregunta ¿qué tal? cada vez que un tema se agota y el vértigo del silencio se asoma al acto de la comunicación. A veces, reflexionando sobre algunos de estos diálogos sin fondo ni fundamento, hago el ejercicio de eliminar el relleno. Cuando el resultado final es casi cero me invade una cierta vergüenza.