Evocar el pasado

JUAN ORDÓÑEZ BUELA

BARBANZA

DESDE FUERA | O |

05 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

SI UN sólo individuo es incapaz de recordar lo que vivió años atrás, muchos individuos interesados en que los hechos narrados les favorezcan deformarán las antiguas realidades. La memoria reciente, la más próxima, acostumbra a ser la más incómoda. ¿Qué memorialista se atrevería a describirnos las vidriosas relaciones con sus contemporáneos? Serán pocos y no siempre desinteresados. El mundo exterior y el interior no acaban de encajar. Coinciden en unos pocos puntos. De ahí que las versiones de los hechos históricos, desde perspectivas diferentes, tan a menudo no coincidan. Hay quienes se llevan a la tumba sus recuerdos. Hechos tan próximos como el 23-F siguen velados por misterios que posiblemente no lleguemos a conocer. Tal vez, en el futuro, alguien descubra unos paneles que resultarán siempre parciales y desmemoriados. Gentes que fueron luz en su tiempo han pasado a la oscuridad más absoluta y no siempre por sus deméritos. Hay una mano azarosa que pasa el borrador sobre las vidas ajenas. Otra mano amiga se esfuerza en restaurar y reparar injusticias. Hay una oscuridad que nos envuelve. Nos devoran nuestros personales agujeros negros. Evocar el pasado es lanzarse a una aventura llena de trampas. Suplimos lo olvidado con mentiras piadosas que nos hemos ido forjando sin malicia. El horror al vacío es humano, demasiado humano para evocar el pasado.