La Quintana de los Muertos

RAFA G. GARCÍA

BARBANZA

DESDE FUERA | O |

19 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

LA QUINTANA de los Muertos alberga los cenizas de aquellos que un día pisaron esta tierra. Sus almas, inextinguibles, pueblan un mundo desconocido e incomprensible para los que todavía cargamos con el pesado lastre de nuestro cuerpo. La eternidad alcanzada por ellos es ajena a nuestra capacidad de entendimiento. Sólo se ve justificada por la fe ciega y deslumbrada. Apenas unos pocos logran la calidad de inmortales: aquellos cuyas obras permanecen y cuya actitud ante la vida nos ha llevado a tenerlos en cuenta. A pensarlos. Siguen, de alguna manera, vivos. Al menos, sus espíritus continúan invadiendo ese lugar en el que guardamos nuestros más íntimos pensamientos, el hogar de nuestra alma, haciéndonos sentir. En la villa de Noia se habla de Antón Avilés de Taramancos, de Felipe de Castro, del escultor Ferreiro y tantos otros; en A Pobra se recuerda al turista Valle-Inclán; en Outes, al poeta Añón. Todos ellos poseen almas inmortales. Son pensados. ¿Quién conquistará ese privilegio? ¿Quiénes serán pensados por las generaciones venideras? La Quintana de los Muertos alberga las cenizas de los que un día pisaron esta tierra. Anónimos unos, inmortales otros.