Verano caliente

| MONCHO ARES |

BARBANZA

DESPUÉS DE un invierno y una primavera tan secos, el fuego forestal se ha adelantado a sus fechas tradicionales. Normalmente, agosto e incluso septiembre eran los meses propicios para que los descerebrados sacaran a relucir sus mecheros de muerte. No sé por qué (o sí lo sé) pero con los incendios uno siempre tiene la sensación de que siempre cogen desprevenidas a las Administraciones responsables. Sin profundizar en el tema y el riesgo que eso conlleva, me vienen preguntas a la cabeza: ¿No sale más barato prevenir que extinguir las llamas? Si es así, ¿por qué no se invierte más en evitar la herida que curarla? Hay un factor clave en la propagación del fuego, que es el monte bajo, los arbustos secos que actúan como el mejor combustible. Si a lo largo del año se empleara a personal en la eliminación de las zarzas, puede que el verano estuviera menos humeante.