DESDE FUERA | O |
29 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.EL PUEBLO, esa masa anónima, se ha convertido en algo parecido a un tablero de ajedrez en el que las piezas, desde el rey hasta los peones, sólo sirven para ser movidos por jugadores cuyo único objetivo es lograr una infame victoria con el fin de mantener el sistema en funcionamiento. Noia es el tablero en el que las piezas, fabricadas en plástico de la más baja calidad, son movidas por entidades superiores, foráneas, siguiendo una estrategia basada en la consecución de concretos objetivos económicos. El alcalde de Noia, el rey, con minúsculas, dice posicionarse a favor de los vecinos afectados por la construcción de la ya insidiosa variante, aunque al rato, en sesión plenaria, demuestra todo lo contrario. Los jugadores, amos del cotarro, le colocan en la casilla correspondiente, preparando la siguiente jugada. El alcalde de Lousame: la torre arrinconada e inmovilizada tras los peones. Imposibilitado para actuar de modo alguno. Un enroque podría ponerlo en movimiento pero los continuos jaques se lo impiden. Nada que hacer, nada que decir. Como banderas en un monte desnudo, las personas sensatas ven ondear al viento sus alegatos en lo alto de un débil mástil astillado.