El marisco sigue siendo la clave, y cada variedad tiene su año. Al parecer este no es el del buey, que ha cedido su protagonismo de pasadas campañas en los manteles de los restaurantes al centollo, la almeja o la nécora, mientras las cigalas y los langostinos se consolidan como los crustáceos más regulares en las cenas corporativas. La elección de otras variedades, como los percebes o el bogavante, dispara los precios, que pueden llegar a alcanzar la privativa frontera de los setenta euros. En cuanto al pescado, el rape y el rodaballo lideran este año las preferencias de los comensales, mientras que la carne prácticamente no sufre variaciones. El cordero y la ternera se imponen por goleada en las cocinas de los restauradores barbanzanos. Y en cuanto al vino, huelga decirlo: Ribeiro, Albariño y Rioja seguirán regando los gaznates de la mayoría de los comensales.