LA LLAVE
01 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.DESDE QUE la vorágine constructiva nos acecha por todos lados, nada está a salvo de ser susceptible de edificar, modificar, habitar. Ni las campañas mediáticas y profesionales contra el feísmo han hecho mella en una sociedad en la que pululan personajes sin pudor, dispuestos a todo con tal de conseguir vender su crecimiento patrimonial como el milagro de la multiplicación de los peces y los panes. Luego ocurre que la ley se pone dura tanto para los especuladores como para quienes necesitan una vivienda de verdad y descubren que el terrenito heredado se quedará muerto de risa de por vida o servirá de alimento para las zarzas. Lo que sucede es que, lejos de llegar la justicia al suelo, acabamos asistiendo a agravios comparativos en los que la Administración mira para otro lado en según qué lugares, al tiempo que fustiga al paisanito que quiere hacer un hogar sin mayores alardes.