Piedras para Barraña

| MONCHO ARES |

BARBANZA

LA IDEA de poner piedras en los accesos a algunas playas para impedir su degradación es, así, sin más, una chapuza; pero la medida es buena si consigue el objetivo, que es proteger los enclaves naturales. No obstante, el organismo costero debería ir pensando en algo más acorde con el paisaje, porque tanto quedan mal los vehículos sobre la arena como los pedruscos en medio de la pista. Y puestos a aplicar la medida, no estaría mal que hicieran lo propio en la playa de Barraña, donde, este verano circularon casi diariamente dos todoterrenos, con sus identificaciones bien visibles, por la orillamar. Es cierto que el único peligro de su tránsito eran los bañistas, esa especie en declive que tiene menos importancia que los berberechos que también aplastaban los vehículos con sus ruedas. Debe ser que como tienen tanta autoridad como la propia autoridad, nadie les paró los pies.