Licencia para insultar

| MONCHO ARES |

BARBANZA

A LO largo del último mes, he sido testigo de las labores de vigilancia que desarrollan en la playa de Barraña los mariscadores de Cabo de Cruz. No les falta razón al denunciar las múltiples artimañanas que emplean los bañistas para hacerse con bivalvos, principalmente berberechos, aprovechando cada chapuzón o la mínima estancia en el arenal. La tensión fue máxima en algunas ocasiones, porque el personal del pósito se considera con licencia para insultar, cuando su función debiera consistir en indicar a los usuarios del paraje que el producto es el sustento de muchas familias, invitarlos a devolver los moluscos al mar y, de no hacerlo, trasladar la denuncia al organismo competente. La entrada normal de algunos vigilantes es la amenaza y la profusión de los más graves improperios que el lector pueda imaginar. El empleo de la violencia desacredita incluso a las más nobles intenciones.