Cambio de ritmo

|MONCHO ARES |

BARBANZA

SOY TESTIGO diario del cambio del ritmo de trabajo de algunos empleados públicos. Lo he visto en una playa, pero no diré su nombre ni el lugar para no herir susceptibilidades ni generar conflictos. Hasta que no se constituyeron las corporaciones, podían verse secuencias como ésta: tres obreros alrededor de un capacho y sólo uno llenándolo de basura, los otros dos, hablan. Otra, más lamentable si cabe: son las diez de la mañana, parapetados detrás de una duna se puede ver a dos trabajadores durmiendo; pasa una hora, más o menos, y esas mismas personas han «parado» para comer el bocadillo. La estampa más habitual, hasta el sábado, en el mismo sitio era así: un grupo de extraños usuarios del arenal, vestidos con mono verde, que amontonaban residuos a una velocidad de 20 metros al día. Pero se obró el milagro y todo parece distinto ahora, limpian como debe ser, ¿hasta cuando?