Engaño constitucional

|MONCHO ARES |

BARBANZA

RECUERDO LA primera vez que pude votar. Entonces, la mayoría de edad se encontraba en un listón que parecía inalcanzable, era el de los 21 años. Cumplía el servicio militar a 1.200 kilómetros de casa. ¡Qué ilusión votar! Acudí a la oficina de correos, pedí la documentación, y casi me vuelvo mico para cumplimentarla. Una vez reunidos impresos y certificados, presto y dispuesto deposité el sobre en la estafeta... Salí de allí con el pecho henchido. Votar, aquello que tanto había soñado la entonces historia reciente de España, yo lo había hecho... y desde un cuartel en el que algunos militares profesaban su fidelidad al Caudillo a voz en grito, mientras otros cumplían resignados un destino impuesto por sus inclinaciones democráticas... fue para mí una hazaña. El gozo duró tres meses, el tiempo que tardó el sobre en llegar de vuelta. Fue aquel mi primer engaño constitucional, pero hubo más...