The quiet man

Maxi Olariaga

BARBANZA

XOSÉ LUIS VEIRAS

15 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

El hombre tranquilo. Esa imagen del célebre filme de John Ford es la que, como un aura irisada, rodea a este hombre mientras conversas con él. El paisaje ayuda. El puerto parece mecido por manos de ángeles y las gaviotas, aventadas por la brisa del sur, se dejan llevar de un lado a otro quizá sorprendidas por tantos días de quietud y ocio de la marinería. No saben que la furia negra, como el cadáver ahogado de un coloso, va y viene sobre la espuma mancillada al norte de Monte Louro. «Monte Louro fue nuestro escudo, y el aliento poderoso del Tambre mantuvo a raya la diarrea negra de los poderosos». Eso dice este alcalde de pueblo limpio y luminoso. Evoca sus comienzos en el socialismo, noches de carteles y de olor a engrudo que exponían a Felipe, su puño y su rosa, por las parroquias y las vallas de una España que definitivamente emergía de la oscuridad cuartelera salpicada de pólvora y estampidos.Yo le cuento las muchas tardes de verano, hace cuarenta años, que pasaba en Porto do Son en casa de los hermanos Amado, jugando al atardecer al futbolín en el bar de Conde con Joselín y el ya fallecido Pepe Casal... «Joselín, Joselín fue quién me inoculó el socialismo. Me hizo ver que los tiempos eran otros y que el dedo oscuro del Palacio de El Pardo ya no señalaba la frente de los alcaldes». De modo que ahora los elegía el pueblo. Con firmeza, aunque no con mucha consciencia, se propuso ser alcalde.Aprendió enseguida que había que recorrer y desandar muchos pasillos, llamar a muchas puertas, sonreír a muchas gentes para, al fin, conseguir un alcantarillado, un adecentamiento cualquiera, un mar limpio, una arena blanca. En ello estaba como concejal de urbanismo cuando los socialistas de tapadillo le dejaron solo. El poder envenena los corazones y muchos de sus compañeros desertaron, cegados por la luz de la nueva ciudad que se paría en Portosín. Nuestro Ramón se quedó solo. Tuvo que renovar el partido, restaurarlo como se hace con los cuadros dañados por la miseria y el abandono. Fue su mayor y más satisfactorio trabajo. Más arduo aún que ganar las elecciones y mantenerlas. Se siente, dice, maltratado por la oposición, sobre todo por la derecha que, como ya es costumbre, recurre frecuentemente al ataque personal y barriobajero, según el catecismo de Madrid. Todo ello lo compensa porque, en general, se siente querido por su pueblo.Tiene una debilidad. Las películas de ciencia ficción. Los efectos especiales que consiguen las nuevas tecnologías le dejan apabullado, soldado a la butaca del cine. Confiesa que nunca vio la Creación de cerca hasta que siguió el trabajo de Alfonso Costa creando una alegoría en un techo inalcanzable. Guerra no. La niña vietnamita huyendo del napalm, abrasada por la tecnología de verdad. Hiroshima y Nagasaki... le bastan para el Guerra, no . No necesita que se lo diga el partido. Con la conciencia basta, dice. Y tiene a Zapatero. Veranea en su pueblo. «Es nuestro agente turístico -comenta-. Llama con frecuencia para saber como van las cosas».Son es pueblo limpio y blanco, de escoba en puertas y vista amable. Cerca del antiguo Ayuntamiento, tras los cristales de un café, mientras hablaba con un viejo amigo, me pareció ver un camaleón que reía y fijaba en mí su mirada inexpresiva. «No puede ser», me dije. Pero sí era cierto. Era un camaleón, acodado a la barra tomando un café. Ramón, que las urnas te bendigan. Si así no fuere, tendrás que esperar. La fidelidad premia.