PUNTO DE ENCUENTRO La ceremonia de entrega de los Premios Nobel, celebrada hace casi veinte días, contó este año con un observador de excepción entre el público invitado. Nada más y nada menos que el joven investigador noiés Héctor Agrafoxo Blanco, quien tuvo la suerte de sentarse en el palco del salón de conciertos de Estocolmo gracias a un trabajo que elaboró sobre la novela Moby Dick.
28 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.De su paso por el país de los parques nacionales y de los cien mil lagos, este filólogo ha tenido tiempo de memorizar el god dag -saludo típico-, de maravillarse ante la extrema puntualidad de los suecos y ante la increíble belleza y limpieza de la urbe capitalina. Héctor confiesa, además, haberse quedado perplejo el día en que fueron recibidos en audiencia por la princesa Victoria ya que, según comenta, «falou con cada un de nós de xeito distendido». Pero, sin lugar a dudas, el momento que vivió con mayor intensidad y emoción fue el de la gala de entrega de los galardones que llevan el nombre del inventor de la dinamita. De hecho, compara esa experiencia con «un conto de fadas». Así lo recuerda: «Íamos de frac, nos recolleron nunhas limousinas brancas enormes; foi moi emocionante estar no palco e ver como entraban os reis e os seus fillos, coa música de fondo e a entrega de medallas», narra. Tampoco se olvida de la afabilidad de los galardonados, con los que pudo fotografiarse e intercambiar unas palabras. Del Nobel de Literatura, el escritor chino Gao Xingjian, consiguió que le dedicase tres ejemplares de sus obras en lengua francesa. Uno de estos libros descansará temporalmente en la biblioteca de Noia. De utilidad le resultarán en el futuro a Héctor las clases intensivas bailes de salón y de protocolo.