La Universidade de A Coruña usa dispositivos electrónicos para estudiar el comportamiento de los «centolos» Un cartel, un rostro, un «se busca» y una recompensa. Son argumentos propios de una película del oeste, pero también lo son del cartel que la Universidade de A Coruña ha colocado en «tódalas confrarías, lonxas e bares de mariñeiros» de la ría de Arousa. Los fugitivos que persiguen los integrantes del departamento de Bioloxía Animal son los centolos que forman parte de un proyecto de investigación: fueron marcados con un registrador de datos y lanzados al mar para conocer sus movimientos bajo las aguas. Ahora hay que recuperarlos. Y para asegurarse de que nadie pasa por alto la presencia del artilugio en el caparazón del molusco, ofrecen cinco mil pesetas de recompensa por cada una de las piezas que se recuperen.
11 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.R. E. VILAGARCÍA La ría de Arousa está considerada como uno de los viveros de marisco más importantes del mundo. No es de extrañar, por tanto, que sea la base de numerosos experimentos e investigaciones científicas relacionadas con la materia. Se estudian los problemas derivados del mejillón, el estrés del berberecho y, por qué no, el comportamiento migratorio del centolo cuando alcanza la madurez sexual. El departamento de Bioloxía Animal de la Universidade de A Coruña es el promotor de esa investigación. Quieren descubrir a qué zonas se trasladan los ejemplares de esa especie una vez han completado su crecimiento. Y para descubrirlo han optado por un método presente en todos los manuales de espionaje: introducir infiltrados en los fondos marinos. Una cantidad «indeterminada» de centolos que llevan sobre su caparazón un registrador electrónico que almacena, cada dos horas, la profundidad y la temperatura de los puntos en los que se encuentran sus portadores. En el proyecto no hay lugar para arrepentidos. «No hay posibilidad de que ese chip se suelte. Está adherido con un pegamento muy potente», explicaba ayer el responsable del proyecto, el profesor Eduardo González. Asegura que su plan es perfecto. Mucho más elaborado que el utilizado hasta el momento. «Primero utilizamos unos transmisores ultrasónicos, pero eran poco operativos», explica. Como en la ficción, los investigadores tenían que pasar buena parte de su tiempo en el mar, con unas pantallas en las que parpadeaba la luz que indicaba la localización exacta de los animales. Hace tres años se descubrió el nuevo modelo. «De momento se estuvieron compaginando las dos fórmulas», explica González. También asegura que «hasta ahora, la recuperación de los registradores no ha supuesto ningún problema». Los marineros que encuentran entre sus artes centolos con el moderno artilugio no se sorprenden. Convertidos en un eslabón más de la cadena informativa, entregan el chip y explican el lugar exacto donde fue localizado el marisco.