Los herederos de la «fariña»

Se acredita la remuda generacional con nuevas camadas de narcotraficantes nacidos después de la archiconocida y mediática Operación Nécora


El operativo antidroga consumado en agosto por las fuerzas de seguridad en diversos concellos de la provincia bajo el nombre operación Mansalva acredita la certidumbre que colectivos sociales y ciudadanos teníamos de que los Sito Miñanco, Oubiña, Charlines y demás capos de las décadas anteriores siguen teniendo relevo. Lamentablemente, en esto del narcotráfico hay banquillo. Aunque todavía quedan en activo algunos veteranos como Manuel Osorio, detenido en esta ocasión, lo que aparece a mansalva es gente joven, preparada, más discreta y por tantos menos exhibicionista de sus fortunas. Son los herederos de la fariña.

Semejante remuda generacional resulta harto inquietante. Refleja que la batalla de los cuerpos policiales y de la sociedad pontevedresa, particularmente la arousana, contra estos criminales no puede relajarse. Ni todas las redadas, ni los cientos de detenciones y decenas de condenas judiciales que han recaído sobre las generaciones anteriores de narcotraficantes han conseguido erradicar ese delito organizado. Ni evitar que el ejemplo de los mayores aliente entre los jóvenes a lanzarse a una actividad delincuencial que produce pingües beneficios a pesar de los riesgos de ser detenido y encarcelado. Tampoco libros y películas han logrado alejar a los cachorros del mal camino ni que cunda la moraleja que creíamos, ingenuamente, que habrían aprendido.

Nacidos después de la Nécora

Los colectivos anti droga tienen manifestado en numerosas ocasiones el temor a estas recidivas del tráfico de drogas que se alimentan de cuadros surgidos entre gente nacida después de 1990. La operación desplegada en agosto les confirma sus sospechas.

En Cambados, Vilagarcía y Vilanova de Arousa, las tres poblaciones que concentraron el operativo policial desplegado, serán numerosos los hombres y mujeres de menos de treinta años, como también del resto de Galicia, que nacieron después de la Operación Nécora, la súper redada dirigida por el magistrado Baltasar Garzón contra los grandes capos de la comarca. Quizás el primer contacto con esos personajes, lo que hicieron y lo que todo aquello pudrió en la sociedad, les habrá llegado a través de libros y series como la citada Fariña, de Nacho Carretero y el anterior La operación Nécora de Felipe Suárez.

Entidades como la Fundación Galega contra el Narcotráfico, que cumple en estos días sus bodas de plata, juzgaron que todo el reclamo generado durante este año tanto por los medios informativos como por el libro y la teleserie subsiguiente de Atresmedia en torno a aquellos personajes «fue beneficioso porque contribuyó a informar y prevenir». Me decía Fernando Alonso, «todo cuanto se relate de esa época bochornosa es bueno porque ya se sabe que conocer la historia es lo que evita que la volvamos a repetir. Y contarla de modo correcto evitará trasladar una pretendida imagen de bandolero generoso que de ningún modo se corresponde con esos personajes. Al fin y al cabo, un narco más que un traficante es un vendedor de veneno», según sentenció el gerente de la FGCN.

Quede claro que los Miñanco, Oubiña, Charlínes y demás dirigían bandas de crimen organizado nunca fueron oenegés. Pero, con relación a la reflexión de Alonso, me inquieta que en casos como los jóvenes detenidos entre los capturados por la Guardia Civil en la operación Mansalva conocer la historia no les haya evitado volver a repetirla.

Los nuevos narcos

El profesor José Ramón Alonso de la Torre, colaborador de La Voz de Galicia en Arousa, plantea esta nueva situación en su novela Expediente ojos de orgasmo, que acaba de editar La Moderna. El libro narra las peripecias de un narcotraficante arousano al que apodaban así por el brillo de su mirada. El personaje es el exponente de una nueva generación de narcos que se alejan de la ostentación de sus ancestros y manejan de otra manera, más discreta, el dineral que obtienen del tráfico de drogas.

Pero en cambio hay una coincidencia fundamental entre los históricos como Sito Miñanco y las nuevas generaciones de narcos: unos y otros pretenden comprar el afecto de los vecinos.

Sito pretendió proyectarse en Cambados como un empresario modélico para lo que tomó las riendas del club local, el Juventud, para ascenderlo en tiempo récord, tres temporadas, de la Preferente a Segunda División B donde llegó a jugar contra Deportivo de La Coruña, Getafe o Real Madrid Castilla, entre otros. Aquello fue posible gracias a los sueldos que Sito ofrecía a jugadores con los que reforzó al Juventud. No había nóminas ni chequeras. El dinero llegaba al vestuario en bolsas de plástico y el propio Miñanco se encargaba de los pagos. Al mismo tiempo que aupó deportivamente al club de fútbol local, Prado Bugallo también afrontó y resolvió la construcción de una nueva cancha de hierba en Burgáns, lo que permitió abandonar el viejo campo de tierra de A Merced. Pero todo aquello no era filantropía. Sito quiso comprar afecto y respeto entre sus convecinos; una base social que le diese cierta complicidad.

Hoy en día, los herederos de la fariña siguen un camino similar pero de modo menos ostentoso. Llámale complicidad; llámale pragmatismo. Al final el dinero fácil solo pretende comprar voluntades.

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