Denuncia al Concello de Vilagarcía tras tropezar con dos baldosas rotas y romperse la cara
VILAGARCÍA DE AROUSA
Inés Loureiro, de 73 años, se cayó cuando regresaba de la farmacia
04 may 2025 . Actualizado a las 05:05 h.Sostiene Inés, e insiste varias veces durante la charla, en que ella no tiene nada en contra del alcalde de Vilagarcía, y que lo que le ha pasado a ella es un asunto que debería incumbir a toda la corporación. Y lo cierto es que lo que le pasó a Inés, Loureiro de apellido, no es poca cosa ni mucho menos. A sus 73 años sufrió hace pocos días una caída en plena vía pública, a escasos metros de la capilla de San Roque. «Tropecé con dos baldosas seguidas y me caí de golpe», relata con la voz entrecortada. El incidente, más que un accidente aislado, parece formar parte de una cadena de episodios que, según denuncia, muchas personas mayores padecen pero pocas reportan.
Inés no estaba dando un paseo ni haciendo recados comunes. Había salido a por unas gotas oftálmicas en previsión de un ingreso hospitalario inminente. Al regresar a su casa, el mal estado del pavimento la sorprendió. «Tres chiquillos tuvieron que levantarme del suelo», recuerda. «Me llevaron al ambulatorio y me diagnosticaron la fractura de un hueso de la cara, justo en el lado izquierdo, cerca del ojo», explica.
A la lesión facial se suma una situación de salud delicada: este mismo lunes será operada de una rodilla para la colocación de una prótesis. Y al día siguiente, deberá desplazarse hasta Santiago para someterse a nuevas pruebas médicas. «Me dijeron que puede haber algo más grave, porque tengo media cara dormida», explica preocupada.
«Hay que denunciarlo»
Inés insiste en que su testimonio no busca protagonismo. «Yo no lo digo solo por mí, lo digo por todos. Porque la gente se cae y no lo denuncia. Pero hay que denunciarlo», razona. En su caso, sí lo hizo. Se dirigió a la policía local y formalizó su queja, afirma, «pero no me dijeron nada particular», lamenta. A día de hoy, permanece con el ojo cerrado y visiblemente afectada tanto física como emocionalmente. «Claro que tengo respeto de volver a andar sola por la calle. Ya me operaron una rodilla y ahora me van a operar la otra», apunta. Su situación doméstica tampoco ayuda: vive con su marido, también enfermo, lo que le obliga a asumir buena parte de las gestiones cotidianas. «Fui sola a la farmacia y mire lo que pasó», lamenta.
Ella alza la voz por quienes prefieren callar. No exige milagros, pero sí responsabilidad. «Esto no es cosa solo del alcalde. Es de todos los que están ahí. Porque las calles están rotas para todos», insiste. Y mientras espera su ingreso hospitalario, su principal preocupación está clara: «Que nadie más tenga que pasar por esto».