Organizar el puzle del mercadillo de Vilagarcía: «Con tanto cambio, hai clientes de toda a vida que non saben onde estamos»

r.e. VILAGARCÍA / LA VOZ

VILAGARCÍA DE AROUSA

MARTINA MISER

Los ambulantes manifiestan su hartazgo ante decisiones que, dicen, ponen contra las cuerdas el futuro de la feria

12 mar 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

«Lo que tenéis que poner claro es que con tanta tontería se están cargando el mercadillo». La mujer que pronuncia la frase habla con vehemencia. La encontramos en el punto exacto en el que las calles Alexandre Bóveda y Arcebispo Lago se cruzan. Estamos en Vilagarcía y es martes: es día de feria y se ve con claridad que la feria está de capa caída. La airada clienta que augura el final del mercadillo ya se ha perdido al final de la calle, pero sus reproches encuentran eco en casi todos los puestos, tanto entre quienes venden como entre quienes compran. Muchas voces aseguran que tenderetes y clientes han iniciado una migración silenciosa hacia lugares como Cambados, que iría ganando peso mientras la trama de la feria de Vilagarcía adelgaza de forma evidente. Y los anuncios realizados tras la última reunión de la Mesa de Comercio no han hecho más que acrecentar el incendio.

En ese foro explicaba Ravella su intención de reagrupar el mercado alrededor de la plaza, un plan que aún deberá detallar, pero que exigiría mover algunas piezas de un puzle complejo y menguante. Y las piezas que quedan se declaran hartas de un movimiento que, dicen, les cuesta dinero: cada vez que son desplazadas sobre el tablero vilagarciano, su clientela las pierde de vista y ellas pierden de vista el negocio. «Lo que pasa es que a nosotros no se nos considera comerciantes», explican desde la calle. «Desde los despachos, las cosas no se hacen bien», apuntan desde otro puesto, desde donde lamentan que «los políticos no escuchen» a quienes mejor conocen la dinámica de la feria. Si lo hubiesen hecho, señalan otras voces, no habrían adoptado decisiones que muchos no acaban de entender, como devolver el tráfico a Alexandre Bóveda, fracturando el movimiento natural del mercado; o generando como «distintas zonas, como si en vez de un mercado fuésemos varios mercados pequeños e independientes»; o concentrando determinados tipos de puestos en determinadas zonas... Desde la Asociación de Comerciantes Ambulantes de Galicia se lanzó la semana pasada una propuesta para concentrar los puestos en la calle Castelao. Pero esa alternativa tampoco convence a la totalidad de los comerciantes que dan forma a la feria vilagarciana. Está claro que hacer encajar todas las piezas va a ser complicado.

MARTINA MISER

«Queren probar con nós, pero eu non podo permitirme ser unha proba outra vez»

Han pasado más de cincuenta años desde que la suegra de Leo comenzó a frecuentar el mercado de Vilagarcía con un puesto de ropa. La familia sigue cumpliendo la tradición y acuden a la capital arousana martes y sábados, como manda el calendario ferial. Pero cada día lo hacen con menos ganas: consideran que el Concello está tomando medidas sobre el mercadillo sin tener en cuenta la opinión de ambulantes que, como él, las sufren en sus carnes y en sus bolsillos. Su puesto, relata, llevaba décadas ocupando el mismo lugar de la calle Alexandre Bóveda. Cuando Ravella decidió obrar en ella, «pasamos nove meses na praza da Peixería para facer nada, porque alí non ía ninguén». Con aquella obra llegó una reordenación de los puestos de la feria que llevó al de Leo a situarse en la cabecera de la calle Arcebispo Lago. «Levamos ano e medio aquí; e aínda hai clientes que tiñamos de antes que non saben onde estamos», asegura Leo. Por eso, descubrir que Ravella tiene previsto volver a cambiarlo de sitio le ha caído como un jarro de agua fría. «No pueden estar moviéndonos de un lado para otro», recalca, desde el puesto de al lado, Antonio Suárez. Y menos, dicen, trasladándolos hacia la zona de aparcamiento situada entre la Avenida Valle Inclán y la plaza de la Verdura. Ese es, dicen, «o final do mercado», una esquina a la que ya no se acerca nadie. «Os políticos queren probar con nós, pero eu non podo permitirme ser unha proba outra vez», se lamenta Leo, quien asegura que, con tanta ida y venida, el mercadillo y quienes le dan vida acabarán por arrojar la toalla.

MARTINA MISER

«Antes, esta zona era lo mejor de lo mejor, pero se dejó ir y ahora quedamos cuatro»

La zona suele usarse como aparcamiento cuando no hay mercadillo, pero los martes y los sábados la explanada situada entre el lateral de la plaza de la Verdura y la Avenida Valle Inclán se vacía. Literalmente. Sobre el asfalto se instalan apenas un puñado de puestos desde los que los ambulantes ven pasar las horas, pero no los clientes. «Yo aún tengo alguna gente, pero son clientes de toda la vida... Que llevo 45 años viniendo aquí», explica María del Mar Lago. Asegura que el ahora llamado «final del mercado» fue, en su momento, «lo mejor de lo mejor». Una zona en la que se instalaban numerosos puestos de ambulantes que trabajaban con mercancía española de gran calidad. «Pero se fueron jubilando», los huecos no se cubrieron, y la zona quedó yerma. Carlos Iglesias, que vende zapatillas a su lado, cree que en el declive de esa parte del mercado ha pesado, también, «que as bolsas de aparcamento principais están na TIR e en Fexdega, e a xente móvese como se move... E nós quedamos aquí nunha esquina pola que non pasa ninguén». Y si la gente no pasa, la feria no es feria. María del Mar y Carlos convienen en eso, y en que desde el Concello se han ido tomando, a lo largo de los años, decisiones inexplicables. Por ejemplo, «volver a meter os coches por aí [Alexandre Bóveda] non ten ningún sentido». Esos errores ha llevado a que el mercado de Vilagarcía, «que era tan bueno como el de Padrón, ahora no vale nada». Puestos a buscar soluciones, María apuesta por «reagruparnos a todos alrededor de la plaza». «A min que me leven para a Castelao», replicaba Carlos.