La presencia de un piso de venta de heroína parece haber desencadenado toda una escala de sucesos, desde el hallazgo de jeringas al robo que una mujer sufrió hace días
10 nov 2018 . Actualizado a las 08:46 h.A finales de octubre, el hallazgo de una serie de jeringuillas en uno de los dos aparcamientos disuasorios que funcionan en el barrio hizo levantar la ceja a más de uno. El barrio que cruza la calle Vila Janer, al que popularmente da nombre el colegio público que se abre en ella, A Escardia, siempre había sido un lugar tranquilo. Hace más de diez años, el vallado de una amplia finca situada frente al centro cegó un punto que los adictos a la heroína frecuentaban para inyectarse. Desde entonces, solo las esporádicas incursiones en el recinto escolar de chavales en busca de escenarios discretos para sus botellones y algo más (en la caseta de juegos de los niños aparecieron preservativos usados) interrumpieron el anodino discurrir de los días. Tres semanas, sin embargo, han bastado para que esa apariencia de placidez se resquebraje. Ayer, de madrugada, un individuo que a eso de las seis se proponía coger su automóvil tras una noche de copas fue víctima de un apuñalamiento. Hace solo unos días, una mujer era atracada a las nueve y media de la noche por otra mujer que empuñaba una navaja. La dirección de la escuela pública ha hecho circular un comunicado entre los padres y madres de alumnos, informando de que ha solicitado al Concello de Vilagarcía una mayor presencia policial.
Algunos de los habitantes del entorno señalan a un piso en concreto como epicentro de la inusitada secuencia de incidentes que está padeciendo el barrio. «Creemos que hay por lo menos un apartamento en el que se está vendiendo heroína y estamos convencidos de que su presencia tiene mucho que ver con todo esto», indica una vecina que hace semanas fue testigo de cómo un par de individuos se colocaban con heroína en uno de los estacionamientos. Precisamente el mismo en el que las jeringuillas aparecieron tiradas. Con sus capuchones enfundados, eso sí.
De momento, el esfuerzo que el alcalde de Vilagarcía, el socialista Alberto Varela, ha solicitado a la Policía Local parece haber disuadido a los yonquis de consumir a plena luz del día en la vía pública y a un paso de un centro escolar. Pero está claro que se trata de un escenario propicio para que quien quiera escudarse en la oscuridad lleve a cabo alguna fechoría. Es probable que ese robo que una mujer padecía esta misma semana tenga mucho que ver con el ambiente solitario que los descampados y una iluminación desangelada de escaparates y viviendas imprimen al lugar. Tampoco es que la carencia crónica de agentes que experimenta la Policía Nacional en la capital arousana contribuya a erradicar las malas ideas. Por lo pronto, el regidor solicitará una entrevista con su nueva comisaria provincial, Estíbaliz Palma.
Varela solicitará una entrevista con la nueva comisaria provincial de la Policía Nacional