El militar que le dio al postre «la importancia que tiene»

Se lanzó a la hostelería con un furancho y ahora crea su propia empresa de «versos», los dulces que sirven en botes


meis / la voz

Si uno los busca donde todo se encuentra, tardará un rato. Acaban de nacer y el posicionamiento en Google todavía no les resulta favorable, pero terminan apareciendo. Son Versos, «postres gallegos de la casa». Así ha decido Rubén Outeda bautizar a su nuevo proyecto empresarial, que vio la luz el pasado 5 de abril, cuando salieron a la calle a darlo a conocer. Si el lector todavía no los ha probado, puede imaginarse a Outeda recitando sus propios poemas. Error. Versos es una iniciativa gastronómica que busca que el comensal recuerde lo último que ha comido: el postre «Soy muy goloso y, a veces, me encontraba con que la oferta para el postre se limita a sota, caballo y rey», explica este joven emprendedor, que comenzó incluyendo sus versos en el furancho que regenta con su familia.

Militar de profesión, Outeda tenía dos formas de hacer las cosas. Dos tiempos. Decidió ir paso a paso, pequeños, sabiendo que se puede recorrer más así que dando una zancada. Parece que fue una buena elección. Tras ampliar A Ruda, en Castrelo, dándole una capacidad para 220 personas, apostó por sacar adelante la idea que le rondaba por la cabeza. «Me di cuenta de que había que darle una vuelta al postre. De la necesidad de otorgarle la importancia que se merece nació la empresa», relata Outeda. Una empresa con sabor a todo lo goloso que uno puede imaginar, y que, aunque a primera vista puede no parecerlo, tiene mucho en común con el nombre bajo el que se comercializan: En ninguno de los dos casos hay dos versos iguales. «Se hacen en grandes cantidades, pero cada bote es distinto», asegura su creador.

La primera peculiaridad de este postre es que siempre se sirve en bote. «Son muchas las ventajas que ofrece este sistema», señala Outeda. No solo destaca como esto repercute en la textura, «muy cremosa, logrando que ninguna parte se reseque», si no que también habla de comodidad. En un ritmo de vida tan acelerado como el actual, sus versos ayudan a mejorar los tiempos. «Solo hay que abrir la nevera, sacarlos y servirlos», sintetiza. Y, en su caso, no en una nevera cualquiera. En una de cristal, que sirve de escaparate para caer en la tentación. Además, «ahorra mucho espacio y permite un mayor control de las raciones, de la producción». Sabe venderlo.

Pero, más allá de todo esto, el punto fuerte de versos es su variedad. La carta cuenta, por el momento, con una lista de sabores para todos los gustos que incluyen postres tan reclamados como el flan de queso. Pero, con la peculiaridad de servirse en bote. Un formato distinto, que se percibe en el sabor. «Fue el primero que elaboramos e incluimos en la carta, y vimos que a la gente le gustaba ese efecto de frescura que le da», señala Outeda. Las ventas, tal y como indica, no tardaron en incrementarse en un 200 %.

Para seguir los mismos pasos dados por Outeda y su familia, hay que remontarse a los años 2012 y 2013 cuando comenzaron a darle vueltas a la idea. En 2015 echó a rodar con la comercialización en su furancho, y ya en 2017 crearon la empresa. La idea de «no pidas postre, pide versos» dejó de ser algo de su local para convertirse en algo más grande: Un total de cuarenta locales trabajan con ellos. Restaurantes de Vilagarcía, Cambados, O Grove, Sanxenxo, Caldas, Cuntis, A Estrada y Santiago comercializan su amplia variedad de versos. También dos locales de Madrid. «El aterrizaje en la capital vino de la mano de unos clientes, que lo probaron aquí, y nos propusieron trabajar con ellos», explica. Se muestra satisfecho con su trayectoria empresarial en la que «voy aprendiendo por el camino».

No es extrañar que se encuentre orgulloso. Solo ellos están vendiendo una media de 255 versos durante el fin de semana. Ya sea del verso normal, de entre 140 y 150 gramos; o de mini versos, de 80 y 90 gramos. Ya adelantó Outeda que no hay dos iguales: de ahí que no tengan un peso exacto. Los pequeños, relata, «es muy habitual servirlos en tablas». ¿Dónde está la clave del éxito?. A una pregunta que suele ser difícil de contestar, Outeda le da ágilmente distintas respuesta. «Es importante rodearse de buenos profesionales y escoger productos de calidad», asegura. En su caso, apuesta por materia prima gallega. Tanto la leche como la nata, el queso y el orujo. «El porcentaje de grasa, por ejemplo, repercute en el sabor», incide. También hay que echar horas. E innovar. No hay una clave, son muchas. Es arriesgar. Él lo seguirá haciendo. A los versos de gin tonic, licor café, tres chocolates y tiramisú, entre otros, pronto sumarán algunos más estacionales como el de turrón o el de castaña. Outeda lo tiene claro. Si Pablo Neruda puede escribir los versos más tristes, él puede crear «el mejor postre del mundo».

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El militar que le dio al postre «la importancia que tiene»