La sensación de abandono, con todas las aceras prácticamente tapadas por la vegetación, es absoluta
09 sep 2016 . Actualizado a las 11:48 h.Si sonara Ennio Morricone, en cualquier momento podría aparecer al final de la calle Clint Eastewood dispuesto a retarte a un duelo al sol. Parece el lejano Oeste pero es O Rial, que en realidad queda hacia el Sur de Vilagarcía. Allí las hierbas reinan a sus anchas y dejan una sensación de abandono total que contrasta con la excepcional, y cuidada, imagen que tienen la mayoría de las edificaciones.
La entrada a la urbanización ya da pistas de por dónde van a ir los tiros. Los hierbajos asoman por las aceras pero todavía de manera tímida. Son de un color amarillo que denota que han sufrido también los rigores de la sequía y que, sobre todo, no acaban de surgir del cemento sino que llevan allí unas cuantas semanas.
Tan pronto como el visitante se adentra en las calles de la urbanización el panorama empeora a la misma velocidad que aparecen nuevas especies sobre las aceras. Al pie de una farola asoma lo que semeja ser una variedad de menta silvestre, que parece haber encontrado un lugar ideal para enraizar a tenor de lo verde y vigorosa que se la ve.
La menta florece en la calle que da a uno de los laterales del club de tenis, la calle Camelia. Unos metros más allá está la rúa Fiuncho, cuyo nombre no presagia demasiadas cosas positivas. A la vera de una de las aceras aparecen una docena de robustos troncos perfectamente cortados y apilados, restos de una poda que allí han quedado. Entre las hierbas que crecen a ambos lados de la acera apenas queda un mínimo hueco por el que caminar.
Al final de la calle hay una rotonda, tomada también por la vegetación por supuesto. Y allí cerca también el edificio que alberga a la asociación Con Eles. El estado de la marquesina, rota en uno de sus laterales, es el cierre lógico para despedirse de una zona que parece no contar con el fervor de los responsables de que presente una mejor cara. Sus vecinos, por el contrario, sí guardan un punto de civismo más que notable. Apenas se ven papeles tirados, pese a que el estado de las aceras podría invitar a hacer lo contrario, y los coches están perfectamente aparcados según marca la señal. Hasta el día 15, a la izquierda.