Dando voz a la pobreza y a la desigualdad

Como voluntarias y como trabajadoras de oenegés han vivido experiencias que le han cambiado la vida

Cedida

vilagarcía / la voz

La mayoría de la gente asocia las oenegés con los dramas de los refugiados, la pobreza o los desastres naturales. No se equivocan. Las organizaciones no gubernamentales se han convertido en piezas fundamentales en la colaboración internacional, pero su acción va mucho más allá del trabajo sobre el terreno, y ese casi nunca sale en los informativos. Mojarse en las aguas de Grecia para auxiliar a niños sirios y repartir comida entre los escombros que dejó el último terremoto en Ecuador es urgente e imprescindible, pero también es necesaria la educación, la formación y el trabajo de oficina para sacar adelante estos proyectos.

Esta dualidad la resume perfectamente Lorena Seijo, que trabaja para la Asociación Galega de Reporteiros Solidarios (Agareso). «A xente ten que entender que a cooperación non consiste en paliar as causas da desigualdade, iso é axuda humanitaria, a cooperación axuda a desenvolver proxectos máis complexos, que serven para cambiar as regras de xogo», indica. «O obxectivo é coñecer a realidade, falar coa xente, ter experiencias de primeira man e volver para contalo», abunda Alicia López.

Desde una radio a talleres

Lorena Seijo es una periodista de Vilagarcía que llegó a Guatemala en el 2003 para trabajar. Allí escribía sobre temas relacionados con los derechos humanos, los problemas de discriminación por género y sobre las comunidades indígenas; incluso escribió un libro sobre las mujeres de aquel país en prisión, y todo aquello la marcó. Estudió Periodismo impulsada por un ansia

«de transformación social e loita pola igualdade»

y en ello está. No desde una redacción ni tras la cámara. Lo hace a través de Agareso, primero como voluntaria en Perú y hoy trabajando, a caballo entre Santiago y Pontevedra.

Esta oenegé tan pronto ayuda a montar una radio comunitaria en El Salvador como organiza un ciclo de talleres como los que va a haber en Pontevedra del 6 al 11 de junio, en colaboración con la Asociación de Cooperación pola Paz. «É importante que a xente tome conciencia dos seus dereitos e que aprenda a usar as ferramentas da comunicación na loita contra as desigualdades», explica. En lo personal, su trabajo en el ámbito de la cooperación ha condicionado su vida. «No Sur teñen unha visión das cousas máis cortoplacista que nós. O que vives aquí en dez anos vívelo alí nun ano -ella habla de Guatemala-. Son experiencias moi intensas que serven tamén para valorar máis o que temos». Lorena Seijo está pensando en la educación y la sanidad públicas, dos factores que pesaron mucho a la hora de decidir regresar a su Vilagarcía natal para criar a sus hijos.

Lorena Leiro no tiene hijos pero comparte la reflexión de su compañera. «Ves as cousas doutra maneira», dice. Su vinculación con las oenegés llegó por la vía del voluntariado, aunque profesionalmente también está ligada al ámbito social. Trabaja en la Fundación Lar pro salud mental de Vilagarcía y acaba de deshacer las maletas de regreso de El Salvador, donde estuvo impartiendo talleres de autocuidado para mujeres.

En el 2004 hizo su primer viaje como voluntaria y ya no paró. Tras estudiar Psicología hizo un máster sobre cooperación internacional que la llevó a El Salvador y en el 2009 estuvo como becaria de la Xunta en República Dominicana.

Después visitó Colombia con otra beca y cuando acabó su etapa formativa, Lorena Leiro recurrió a sus ahorros para seguir viajando a Marruecos, a Latinoamérica y a la India y seguir trabajando en proyectos contra la discriminación racial y la desigualdad. «Non hai que ir moi lonxe para atopar problemas, aquí tamén os hai. Ti elixes se empezas a tomar máis conciencia social e política, para que as cousas muden. Temos a obriga de facer algo para non estar aquí de balde», reflexiona.

Cada viaje es diferente pero si hay que elegir alguno se queda con el de Calcuta. «Fáloche de sensacións», explica Lorena. Como las que le dejaron los abrazos de aquellos niños y mujeres que visitó en sanatorios de trastornos mentales. «A pesares da diferenza lingüística, había tanto cariño e eran tan familiares..., uf, aquilo foi unha voltaxe de enerxía». ¿Su próximo viaje? «Veremos a onde nos leva a vida». Lo que está claro es que sus horizontes no están en un resort en una playa caribeña.

Al colegio en África

Unas llegan y otras se van. Alicia López viaja en un par de meses a África. Estará en Chad un año como responsable de un proyecto de educación en el que participa la oenegé Entreculturas. Su función será supervisar el trabajo que se desarrolla en varias escuelas locales. Esta vez cobrará por ello,

«porque no sistema no que vivimos é fundamental ter un soldo»,

pero esta elección obedece a una cuestión de principios

.

«A miña militancia persoal está vinculada aos procesos de cambio do sistema. Canto máis rasco no sistema máis anti sistema me volvo. Cando estiven traballando en Madrid escapábanseme as cousas da realidade», y decidió que era hora de pisar el polvo. El de Chad no es su primer viaje. Ya estuvo en Honduras, en una comunidad rural, como voluntaria de la oenegé Enxeñería sen fronteiras. «Alí collín o meu compromiso coa educación. En sitios coma este aprezas as diferenzas que hai respecto dos servizos públicos e as comodidades das que gozamos aquí, sobre todo en materia de seguridade. Ás seis da tarde non podía andar soa».

Pese a viajar a lugares conflictivos y ser mujeres, ninguna de las tres ha pasado por situaciones especialmente conflictivas, afirman. «A única vez que me roubaron na viña vida foi en Santiago de Compostela. Cando viaxas a estes países tes que seguir as directrices que che da a xente de alí, respectar as normas e coñecer os seus códigos e así non tes por que ter problemas», apunta Lorena Leiro.

Pero, cómo no preocuparse en casa cada vez que cogen un avión. «A xente que te quere ten que entender que cal é o espazo de cada un no mundo», dice Alicia, y el espacio de esta carrilexa está allí donde hay injusticias y necesidad, afirma.

Su experiencia más impactante la vivió en Marruecos, adonde viajó con solo 22 años. Allí vio la pobreza y la ignorancia en estado puro «pero ves que a xente é moi digna, viaxando rómpense moitos estereotipos». Hubo otras. «Unha das persoas que máis me impresionou foi Doña Cornelia, unha muller de anos indefinidos, ela dicía que tiña cen anos, que vivía nunha casiña tan inestable como a súa Honduras querida. Durmía nunha hamaca coa radio aos pés porque quería estar enterada de todo o que acontecía no mundo. En fin, unha persoa desas que fan que o que tes dentro che dea a volta».

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