El secreto de la hormona de la felicidad

Susana Luaña Louzao
susana luaña VILAGARCÍA / LA VOZ

VILAGARCÍA DE AROUSA

Margarida Cardoso se puso hace siete años al frente del gimnasio del que antes era clienta.
Margarida Cardoso se puso hace siete años al frente del gimnasio del que antes era clienta. mónica irago< / span>

Ni los buenos propósitos de año nuevo ni la operación bikini; el deporte, si se hace todo el año, es salud

09 ene 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Margarida Cardoso sabe que un buen porcentaje de las clientas que se apuntan a Curves (Calle Santa Eulalia, 14, Vilagarcía) lo hacen en estas fechas o en primavera. Ahora se matriculan las que empiezan el año llenas de buenos propósitos que no siempre se cumplen, y dentro de unos meses, las que emprenden la difícil tarea de la operación bikini, que empieza justamente el día en que hay que quitarse la manga larga y una empieza a encontrar michelines por todas partes. Pero Margarida Cardoso sabe también que quien se mantiene fiel a su gimnasio, no lo hace ni por lo uno ni por lo otro, sino por constancia. Ella, como gerente del negocio, predica con el ejemplo.

Nació en Portugal, pero ya de muy joven emigró a Suiza. Tanto en su país natal como en el de adopción, practicó siempre deporte. «En Portugal hay mucho culto por estar en forma», asegura. Pero siempre lo hizo en gimnasios tradicionales, y cuando descubrió Curves, ya estaba a punto de volverse para España. «Me casé con un gallego y al final, le pudo la morriña». Así que instalada en la tierra de su marido, en el año 2007, buscó cómo seguir con su buena costumbre de mantenerse en forma, y como volvió con la curiosidad de saber lo que era Curves, lo buscó en Internet. «Y sorpresa, ¡había uno en Vilagarcía!». Y se apuntó, como socia y clienta, sin sospechar entonces la importancia que ese método de entrenamiento, solo para mujeres, iba a tener en su vida. De entrada, perdió 15 kilos en un año.

Por desgracia, «o a lo mejor por suerte», dice ella, cayó enferma, la operaron del pulmón y tuvieron que sacarle la mitad. «A los dos meses me llamó la antigua gerente, que por asuntos familiares tenía que dejarlo, y que si me interesaba. Yo entonces no pude darle una respuesta, porque tenía que recuperarme. Pero un año después volví al gimnasio, y fue muy bueno para mi recuperación, y como ya tenía ganas de trabajar y me gustaba, pues me decidí. ¡Y eso que fue un cambio muy importante en mi vida!».

Siete años después

Con sus dos hijas y sus tres nietos en Suiza, Margarida pudo dedicarse al negocio. Siete años después, está muy satisfecha. «Y eso que hay que luchar contra la crisis; el año pasado fue el peor de todos, antes éramos cuatro en total y ahora somos tres. No sabemos muy bien por qué fue, pero lo ocurrió lo mismo a otros gimnasios de Curves. Emprendemos el nuevo año con mucha ilusión y con ganas de seguir adelante».

Cuenta para ello con la ayuda de sus dos monitoras, Ana Figueira y Carla Diz, que ya lo eran cuando Margarida se hizo clienta de Curves. La cadena no compite con los gimnasios tradicionales, porque su método es diferente. Para empezar, es solo para mujeres. «Tenemos clientas que seguro que no vendrían si fuese mixto», asegura la gerente. Y eso que tienen socias de todas las edades. «Desde 14 años en adelante, la mayor tiene ahora 76».

Ofrecen programas personalizados de control de peso, ejercicio, dieta, comida saludable... Cuentan para ello con una dietista, Lucía, a la que las clientas pueden incluso hacerle consultas telemáticas, y todas las monitoras de Curves están acreditadas y realizaron cursos de formación en dietética y nutrición. Todo ello les permite seguir unas pautas de trabajo que hacen de Curves un gimnasio diferente. «Cuando empiezan, les preguntamos qué es lo que quieren obtener y cómo podemos ayudarles a conseguirlo. Pongamos que una mujer quiere adelgazar tres kilos, pues le damos unas pautas de ejercicio personalizadas, con su propia monitora, y unos consejos sobre su alimentación. Todos los meses la pesamos y la medimos, además de recordarle sus objetivos. Debe venir por lo menos tres veces por semana, y son sesiones de media hora, un circuito que combina ejercicios respiratorios y cardiovasculares. Si alguien falta, le llamamos; somos muy pesadas, pero es que la constancia es fundamental».

Constancia, esa es la clave que tiene que tener en cuenta quien está pensando en apuntarse a un gimnasio. «Es que no es solo hacer ejercicio, es cambiar la forma de vivir, porque cuando practicas deporte estás fabricando la hormona de la felicidad». Por el contrario, querer perder peso en un mes no suele dar resultado. «Se produce el efecto yo-yo. Se pierde pronto pero se recupera antes, porque el cuerpo es muy listo, sabe que lo estás engañando y reclama lo que perdió».

Zumba, la actividad estrella

En Curves hay, además, una amplia gama de técnicas entre las que elegir, como puede ser Curves complete, que ofrece ejercicio, un plan de alimentación equilibrado y personalizado y asesoramiento de las monitoras y de la dietista. Body basic, que incide en la tonificación de los músculos, y Body balance, que favorece el equilibrio y previene lesiones son otras posibilidades a las que se suma la actividad estrella del gimnasio, las clases de zumba, con instructores cualificados.

Pero además, las socias son como una gran familia. «Hacemos fiestas, premiamos los logros de las clientas, hacemos un ránking de objetivos logrados y damos un regalo simbólico, para animarlas. A veces incluso actuamos como psicólogos. Para nosotras no hay satisfacción más grande que cuando una clienta nos recomienda». Y eso se traduce en pasión por el trabajo, y Margarida no lo disimula.