Ravella decidió «reparar» la obra de Xan Paz pero nadie avisó al creador
04 nov 2015 . Actualizado a las 12:14 h.A la entrada de una de las puertas laterales del local Stocolmo 2.0 el enlosado cambia. Las losetas grises que reinan en el lugar dan paso a un pequeño mosaico en tonos azules y blancos. Ese es el homenaje que rindió al pavimento original uno de los artistas que fueron invitados a participar en el diseño de la reforma de la que era la zona de vinos por excelencia de Vilagarcía. Fue a principios de los 90 y algunos de los trabajos, notablemente deteriorados eso sí, todavía se pueden ver en la zona. Otros yacen sepultados, prácticamente desde el primer día que vieron la luz, por la vorágine de mesas y sillas que suele reinar en el lugar.
De todas aquellas «intervenciones» probablemente la que más éxito tuvo fue la más lógica. Xan Paz diseñó un peletre de piedra. Una obra para ser pisada. Para ser disfrutada. Y de hecho, así ha sido. Es difícil que algún niño de los que por allí pasan se resista a dar los saltos de rigor.
El daño de vehículos y grúas
El uso correcto, pero sobre todo el malo, han dañado sustancialmente la obra. El correcto, el de los niños jugando en lo que su autor explica con una frase que para eso es («É un xogo», grabó allí) no habría producido mayores problemas. El incorrecto sí que ha dejado su huella. Muchos vehículos han pasado por encima, e incluso la base de alguna grúa acampó sobre el peletre. Las consecuencias pronto aparecieron en forma de grietas.
La obra presentaba en los últimos meses un estado lamentable y ayer, alguien en el Concello decidió que ya había llegado el momento de repararla. Para ello usaron el modus operandi habitual en estos casos: cemento y a tapar grietas. Más allá del que la decisión fuera la correcta o no, lo sorprendente es que no se le haya preguntado al autor de la obra. Nadie del Concello cuestionó a Xan Paz sobre una posible solución para reparar algo que sí es cierto que estaba en mal estado. Sorprende lo sucedido más aún porque el creador reside en Vilagarcía y no debería ser muy complicado contactar con él para pedir su opinión.
Ayer el peletre de Xan Paz estaba tomado por las vallas y los conos que impedían que cualquiera que por allí pasaba se despistara y pisara el cemento fresco. Las cicatrices, sin embargo, ya se divisan. Al no sustituir las piedra dañadas y simplemente optar por unir los trozos, la rayuela -que así es como se conoce a este juego en el resto de la Península- se ha transformado en una suerte de laberinto. Cada losa quedará ahora dividida por unas rayas de cemento, sin orden ni concierto, que, por un lado y buscándole el lado positivo a una actuación que presenta muchas dudas, podría añadir un toque de dificultad al juego pero que no parece que guarde, ni mucho menos, el espíritu de la obra original. Habrá que aguardar para comprobar si el cemento toma también al asalto las demás obras que hay en A Baldosa o si, como reza una de ellas, todo se debe a que lo que Guillermo Pedrosa pensó en su momento y Xan Paz también es «igual nomás que diferente».