Ya no se pega como antes

Antonio Garrido Viñas
antonio garrido VILAGARCÍA / LA VOZ

VILAGARCÍA DE AROUSA

Javier Gago estuvo en el Miguel Hernández para apoyar al candidato del PSOE Alberto Varela.
Javier Gago estuvo en el Miguel Hernández para apoyar al candidato del PSOE Alberto Varela. mónica irago< / span>

El acto que abre la campaña comienza a tener un tufillo a rancio que ni el empeño de los protagonistas logra disimular

09 may 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

A las doce menos cuarto se abrieron las nubes y comenzó a llover con tanta furia que, por un momento, aquello parecía Macondo y amenazaba con no amainar durante cuatro años, once meses y dos días. Tras la lluvia llegó el pelotón, no el de fusilamiento que aunque es probable que algún Buendía pueda votar en Vilagarcía no se conoce ningún Aureliano. Este pelotón, además, no portaba fusiles sino escobas. Y cubos llenos de cola.

El pelotón se colocó ordenadamente en su lugar y se aprestó a utilizar sus armas para afrontar la tarea que tenían en la noche del jueves al viernes: dar el pistoletazo de partida a la campaña electoral colocando los carteles de sus respectivos líderes en los tableros que, como setas, han aparecido sobre la hierba.

Fue Tomás Fole el que tomó la iniciativa. Se puso a dar cola a las doce menos cinco y cuando el reloj de Cholo Dorgambide -que estaba muy pendiente de él el edil- marcó la hora en punto colocó el primer cartel el alcalde. Y todos sus rivales. Con la excepción de Gaspar Somoza y sus compañeros de Somos Maioría, que usaron unos folios para denunciar lo que tildan de «despilfarro».

Alberto Varela posaba con Javier Gago y con todo aquel que quisiera. El padre del candidato portaba una bandera y presumía de hijo y los miembros del BNG se hicieron una foto de familia. De música de fondo, el sonido de la Internacional salido de un megáfono que portaba algún miembro de Esquerda Unida.

El resto de Vilagarcía era ajena a lo que allí sucedía. Solo un par de jóvenes cuchicheaban en el carril-bici. «Díselo si te atreves. Díselo». Y lo dijo. «¡Que vuelva Franco!», gritó ante la indiferencia total y antes de ir al siguiente bar prácticamente a la carrera. Ni siquiera se acordó nadie de Rivera Mallo. Todo fue muy rancio. Tan rancio como el general. Lo del coronel es mucho más ameno.

crónica la pegada de vilagarcía