Valga mantiene vivo un taller para personas con discapacidades
08 mar 2013 . Actualizado a las 21:27 h.Se miran, sonríen por lo bajo y siguen a lo suyo: despiezando electrodomésticos. Realizan el trabajo a una velocidad pasmosa, clasificando todo lo que sacan de ordenadores, teléfonos o batidoras. Laura ha tardado poco más de media hora en destripar la torre de un pecé. A Róber la operación le cuesta un poco más porque tiene problemas de visión. Pero él está acostumbrado a vencer las dificultades a fuerza de tacto, voluntad y esa alegría inagotable de quien se confiesa amante «da festiña». Estamos en Valga, en el taller municipal para personas con discapacidades psicológicas y físicas en el que una quincena de alumnos mejoran todas sus habilidades.
El taller está en la planta baja del flamante edificio construido en Valga para crear un centro ocupacional y de día dirigido a este colectivo. El inmueble se remató en plena crisis; era un candidato perfecto para convertirse en un fantasma de los buenos tiempos. Pero el Concello se rebeló ante ese destino, y tirando de fondos propios, de Asdivalu y de la entrega de un grupo de trabajadores coordinado por Teresa García, ha insuflado vida a las instalaciones. Estamos en la planta baja, en el taller de reciclaje de electrodomésticos. Arriba están las aulas en las que se hacen todo tipo de trabajos manuales y una cocina en la que, semanalmente, los alumnos preparan los alimentos que han ido a comprar ellos mismos. O que han recogido de su huerto. «Temos unha horta ecolóxica», nos cuenta Ana, una joven que está acabando de desmontar una impresora. Tenemos ocasión de comprobar que no exagera: en un invernadero situado en Barcia hay grelos, lechugas, zanahorias, brecol, perejil y, en general, «todo tipo de vexetales que se poidan colocar por aquí», nos explica la coordinadora, Teresa García. Y es que esas verduras se venden a vecinos de la zona como la señora Teresa, que se ha acercado al invernadero para llevarse dos lechugas recién cortadas.
Su dinero irá a la gran hucha en la que se guardan los fondos que genera este taller para retroalimentarse. Los alumnos también hacen jabones y detalles para bodas, bautizos y comuniones que comercializangracias a Asdivalu. Cuando las condiciones del mercado mejoren, esperan sacar beneficios de las ventas de todos los componentes electrónicos que ahora acumulan en grandes contenedores.
Aún así, en el taller se trabaja con entusiasmo. Desmontar pecés es una de las actividades favoritas de la mayoría de alumnos, incluso les gusta más que ir a la piscina de Padrón. Hasta allí acuden una vez a la semana, en el vehículo adaptado cedido por la Diputación. También hacen excursiones, nos cuenta Helena. A ella, ir de viaje es lo que más le gusta.
«En xeral participamos moito en todo tipo de actos que fai a comunidade. Así conseguimos que esto non se vexa como un mundo aparte, porque non o é. É o seu mundo, pero non é un mundo aparte», explica Teresa García. Dicho queda.
Los alumnos se cuidan los unos a los otros y a veces discuten. Forman
una gran familia