O Grove despide a un comercio mítico y muy querido: O Telar baja la persiana por jubilación

Leticia Castro O GROVE / LA VOZ

O GROVE

La calle se llenço ayer de grovenses, que acudieron a despedir al mítico establecimiento
La calle se llenço ayer de grovenses, que acudieron a despedir al mítico establecimiento Leticia Castro

El negocio, proveedor de telas de las comparsas mecas durante 35 años, cerró ayer arropado por el cariño de la clientela

01 mar 2026 . Actualizado a las 18:32 h.

El comercio de O Grove está desde hoy un poco más huérfano. La mercería O Telar bajó ayer la persiana de manera definitiva, tras treinta y cinco años de actividad. A su dueña, Mari Pérez Devesa le toca jubilarse y disfrutar de un merecido descanso. No se trata de una despedida triste sino de todo lo contrario, de un fin de ciclo, aunque como todos los finales tenga su punto melancólico. Con su cierre se va algo más que un negocio, desaparece la única tienda de telas que quedaba en la localidad, los consejos de Mari - tan resolutiva- tras el mostrador y se termina una época que fue importante para muchos vecinos. O Telar abrió sus puertas el 13 de octubre de 1990, en un pequeño bajo familiar situado en Alexandre Bóveda, porque así lo decidieron en aquel momento ella y Marcial, su marido. Mari era profesora, y dedicó quince años a la enseñanza, pero quiso lanzarse a la aventura de tener un negocio, que a veces fue también punto de encuentro y lugar de charlas.

La primera idea que le rondó fue una librería, pero la desechó rápido. Se había anotado a clases de corte y confección porque le gustaba mucho coser, así que lo tuvo claro. Cuando comenzó su andadura había cinco o seis comercios de telas en la localidad. No fue impedimento para tomar la decisión,«siempre lo vi como algo positivo», dice. Fue cogiendo callo en aquello de cortar las telas y calcular los metros, tareas no exentas de grandes anécdotas, como aquella vez que una clienta rasgó una gasa para mostrarle que en ese tejido no hacían falta las tijeras.

Lo recordaba estos días con una sonrisa, porque esas paredes guardan aún todo tipo de vivencias y conversaciones, tantas que le darían para escribir un libro. También muchos consejos cuando las clientas tenían dudas, haciendo que a veces cambiasen de idea sobre la confección que traían en la cabeza y en ocasiones hasta que gastasen menos dinero en las telas: «Había quien me decía, Mari, non sabes vender, pero yo daba lo consejos que a mí me gustaría que me dieran», cuenta, y eso desde luego, siempre jugó a su favor.

Adiós a Mari y a su O Telar, una referencia en O Grove
Adiós a Mari y a su O Telar, una referencia en O Grove MONICA IRAGO

La tienda fue vital para las comparsas mecas, y viceversa. El carnaval llegó a ser en el negocio uno de los momentos más fuertes del año. Mari vio crecer y reproducirse a muchos comparseros, que año a año volvían a O Telar a por todo lo necesario para confeccionar sus disfraces. De allí no solo llevaban tejidos, sino asesoramiento y buenas charlas. Comenzó vistiendo a los Muchachos Boys y a As Máis Plus, y luego vinieron el resto. Siempre haciendo gasto en el comercio de barrio. Guardó con celo los secretos de los trajes, colaboró con las agrupaciones y en varias ocasiones ayudó a la compra de algún instrumento, era su manera de ayudar y agradecerles la confianza depositada. Así que no es de extrañar que de ahí salieran grandes amistades.

También proveyó a quienes confeccionaron sus trajes regionales, que no fueron pocos, con telas y pasamanería. Las escuelas de baile también enviaban allí a por material a sus alumnas. Y como O Grove fue cuna de muchas modistas, y de mucha confección, la apuesta de Mari y Marcial - la otra cara visible del negocio - fue un acierto. Su trato, siempre cercano, hizo que trabara amistad con toda la clientela, con quien iba a por un botón, un hilo, o un rollo de tela. Ese cariño quedó patente este sábado en la despedida que preparó para compartir con todos ellos. La calle llena de comparseros - algunos disfrazados- , familia, clientas y costureras que quisieron arroparla. La cantarea a cargo de Arroba de Viño puso el punto festivo a una bonita despedida, en la que se multiplicaron los regalos, los bailes y los abrazos. No sólo se cerró un negocio sino un lugar familiar que deja más vacío el barrio.