Los comuneros alertan del peligro de regenerar el monte sin control

Recuerdan que una acción sin supervisión puede acabar generando problemas ecológicos a medio y largo plazo


vilagarcía / la voz

Si no fuese porque el gallego es de carácter contenido, los comuneros de Cea (Vilagarcía) podrían haber salido a bailar bajo la lluvia que estos días cae del cielo. El domingo, cuando saltó la alerta de que se había iniciado un incendio en Saiar, el temor a que el fuego se adentrase en sus montes se hizo fuerte. «Andívolle na beira, pero ao final cambiou o vento», cuentan desde Cea. Aquel golpe de suerte, acompañado de esta lluvia vivificadora, les ha permitido tomarse un respiro. Pero en la gestión del monte gallego, hay poco espacio para la tranquilidad. Y hasta los gestos más hermosos pueden estar cargados de peligros. Estos días, por las redes sociales, grupos de voluntarios intentan organizarse para ayudar a los bosques quemados a recuperar el tono. La idea se basa en esparcir por los suelos quemados semillas de especies autóctonas para intentar agarrar la tierra quemada y que esta no sea arrastrada por las lluvias.

Hay propuestas muy básicas: ir a una carballeira, recoger bellotas y proceder a plantarlas en suelos quemados. Otras hablan de sembrar semillas y especifican que estas deben de ser autóctonas. Desde entidades como la Sociedade Galega de Historia Natural, y ante la proliferación de mensajes de este estilo, han emitido un comunicado en el que indican que «é difícil, cando non imposible, atopar sementes autóctonas garantidas tanto na súa orixe como que se correspondan realmente a especies autóctonas». Por eso, «na meirande parte dos casos non se sabe realmente o que se vai botar e os posibles efectos perniciosos que no futuro poidan ter: especies vexetais exóticas invasoras». Concluyen que «unha boa intención non sempre ten que dar bos resultados».

Organización

Desde otras entidades más próximas, como la asociación O Xaramelo, de Meis, hacen una llamada a la calma: «As iniciativas que estamos vendo das persoas de boa vontade, teñen que estar coordinadas e ben informadas sobre como actuar. Non vos lancedes ao monte sen organizarvos e orientarvos previamente, porque pode ser contraproducente». Ellos están buscando el asesoramiento de Areeiro y Medio Rural para saber qué es lo que se debe hacer y qué no, al mismo tiempo que localizan a los propietarios de las parcelas quemadas para pedirles autorización para poder entrar en sus terrenos.

Los comuneros también se suman a esas súplicas de precaución. «A boa vontade está moi ben, pero nestes casos non se pode actuar sen asesoramento», explica Xurxo Abuín, presidente de los comuneros de Rubiáns y de la mancomunidade de montes de Vilagarcía. «Este tipo de accións teñen que facerse con certo control, porque sen pretendelo se pode alterar a flora da zona».

En el mismo sentido se explican los comuneros de Cea, que piden sentidiño antes de actuar. «Xa bastante problemas temos agora coas acacias, que estamos pensando en facer un plan para erradicalas, como para que agora se boten sementes doutras especies invasoras que nos vaian causar máis traballo», explica Luis Piñeiro.

Agilizar las subvenciones para limpieza y eliminar trabas burocráticas para proyectos

Como es habitual tras cada oleada de incendios, los comuneros consideran que hay que tomar cartas en el asunto para evitar que escenas como las registradas el domingo se vuelvan a repetir. Hay un clamor unánime entre quienes se encargan de gestionar el monte comunal: que la Xunta agilice la tramitación de las ayudas para realizar trabajos y mantenimiento en esas grandes parcelas. Estas ayudas se reciben tras haber realizado grandes desembolsos que para las comunidades suponen, en algunos casos, esfuerzos importantes. «La Xunta debería mejorar eso. Para cada subvención piden un montón de papeles, un montón de proyectos, y al final el dinero que vas a recibir se acaba perdiendo en burocracia», dice Peregrina Martínez, presidenta de una de las muchas comunidades de montes de Meis.

En este municipio, el monte ardió con ganas el domingo sobre Cabeza de Boi. El fuego volvió a lamer las casas de este pequeño rincón. Y de eso, dice Peregrina, se debe extraer una lección: es necesario apartar los árboles de las viviendas. En esa zona, sin embargo, la responsabilidad no hay que buscarla en ninguna comunidad de montes, sino en los propietarios particulares que siguen siendo mayoría en el mundo rural gallego. «Ahí también debería meter mano la Administración», dicen desde las comunidades de montes. Y es que es en esa gran masa que está en manos de particulares, señalan, donde menos trabajos de mantenimiento se hacen. Donde se acumula, en fin, más gasolina para que los pirómanos puedan hacer arder el monte.

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