Durmiendo dentro de una botella

El artilugio se concibió como un barco para promocionar el Xacobeo 99 y acabó abandonado en tierra. La «agro chic house» de Fofán la recuperó como alojamiento

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Durmiendo dentro de una botella El artilugio se concibió como un barco para promocionar el Xacobeo 99 y acabó abandonado en tierra. La «agro chic house» de Fofán la recuperó como alojamiento

Meis / la voz

Casas rurales y alojamientos singulares hay muchos, pero ninguno ofrece la posibilidad de dormir dentro de una botella gigante. «Hay una en China, pero no la usan como habitación», según explica Mónica Novas. Esta empresaria ha llevado a Armenteira (Meis) un nuevo concepto de turismo rural. A su negocio de hostelería lo ha dado en llamar «agro chic house» y en él marida naturaleza y ecologismo con estilo e innovación. En su casa ya se podía dormir en un piorno y se desayunan frutas recién cogidas del árbol y mermeladas y pan de calabaza hechos por la propia Mónica Novas. Ahora, además, es posible pasar la noche en un espacio único: una botella gigante en la que no falta detalle.

El artilugio fue concebido como barco para promocionar la ruta jacobea por el río Ulla en el Xacobeo 99, pero aquella excentricidad tuvo muy poco recorrido y la botella acabó encallada al lado de la depuradora de agua potable de la Mancomunidade do Salnés, en Tremoedo (Vilanova). Pasaron los años y nadie se hacía cargo de ella porque solo su traslado representaba un gran esfuerzo y un gasto importante, pero Mónica Novas asumió el reto y hace siete meses decidió convertirla en la sexta habitación de su casa de aldea y en sala de catas y eventos.

Encontrar a una empresa que llevase esta mole de siete toneladas hasta Armenteira no fue fácil pero, tras varios intentos, Grúas Rubio consiguió plantarla en la finca de Fofán. Era solo el principio.

Los años a la intemperie provocaron que la botella de albariño más grande del mundo quedase cubierta por una pátina de moho y descolorida y hubo que someterla a una rehabilitación en toda regla.

Paula Fraile la pintó por fuera de verde, con etiqueta incluida, y su interior fue sometido a una transformación integral, hasta conseguir un habitáculo de veinte metros cuadrados en tonos blancos, perfectamente acondicionado. Hubo que abrir una puerta porque la escotilla que había en la parte superior resultaba poco operativa y se eliminó la quilla para asentarla en tierra firme.

La botella acaba de descorcharse; ha recibido a sus primeros huéspedes y ya tiene reservas para los próximos dos fines de semana. Alojarse en esta singular habitación cuesta entre 54 y 56 euros por noche, para dos personas, y hay posibilidad de incorporar una cama supletoria.

En la habitación no falta una copa de albariño, en honor al continente y a los viñedos que la rodean y, si apetece, también se puede disfrutar de un baño turco a pocos metros de allí. ¿Qué será lo próximo en Madeinfofan? «Algo con ruedas», avanza la empresaria. Conociéndola, seguro que sorprenderá.

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