Cambados y Meaño rinden culto a su santo más querido

B. c. / M. A.

MEAÑO

MARTINA MISER

La estampa de San Benito de invierno se compone de misas, procesiones, pujas, rosquillas y velas

22 mar 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

San Benito de invierno llegó con la primavera, y el sol acabó saliendo para los festejos en su honor. Los hubo en Cambados, en Meaño, en Pontevedra... Su legión de devotos no faltaron ayer a las misas ni a las procesiones, ni dejaron de comprar velas y llevarse las tradicionales rosquillas para casa. En Cambados hubo actos litúrgicos por la mañana y por la tarde, con procesión al mediodía alrededor de la plaza de Fefiñáns.

En Meaño se repitió la estampa. La afluencia de gente no fue la misma que durante el verano, cuando la iglesia se queda pequeña para acoger a los fieles que quieren dar las gracias al santo, pero el templo de Lores registró un goteo de vecinos que asistieron a las numerosas misas que se celebraron durante toda la jornada. La procesión salió por la mañana. Por la tarde, en cambio, el gran atractivo fueron las poxas de animales. Gallos y gallinas, que los feligreses donaron al santo para darle las gracias por los favores prestados, fueron subastados al mejor postor.

El monasterio de Lérez fue ayer otro de los puntos de la provincia neurálgicos en la devoción a San Benito.