1988: De cuando el Combate Naval se tiñó de sangre

El fin de fiesta en Pontevedra y Vilagarcía guardó la desgraciada coincidencia de sendos incidentes con los fuegos artificiales. En la localidad arousana murió una persona; en la capital hubo treinta heridos


vilagarcía / la voz

Lo que debía ser un fin de fiesta por todo lo alto se tornó en un drama, que acabó con la vida de una persona en Vilagarcía y provocó una treintena de heridos en Pontevedra. En la localidad arousana los hechos sucedieron durante su tradicional Combate Naval, que aquel año había levantado más expectación de la habitual al anunciarse unos «supermorteros de luces». Hoy en día es la playa de A Concha-Compostela el escenario, pero entonces el lugar elegido para la tirada de fuegos era el puerto deportivo y la gente se agolpaba en sus inmediaciones y en el parque del Centenario. Era allí donde se encontraba Ventura Janeiro García, de 65 años y vecino de Catoira.

El fatal accidente lo provocó un obús de mortero que estuvo mal dirigido. Justo unos minutos antes de que el proyectil cayera sobre el catoirense otro se dirigió también hacia la zona en la que estaba el público viendo el espectáculo de luces, pero, por fortuna, impactó en la barandilla del puerto y se cayó al agua. Ese impacto ya provocó las primeras reticencias entre quienes estaban en primera fila, que vieron luego asombrados como otro proyectil pasaba sobre sus cabezas para caer unos metros detrás, justo encima de Ventura Janeiro, que estaba apoyado en una fuente viendo el Combate Naval en compañía de su esposa.

Desbandada

Se produjo entonces una tremenda desbandada y el tumulto fue tal que la ambulancia del ISM, que estaba a solo trescientos metros del lugar de los hechos, no pudo acceder al parque, por lo que el hombre fue trasladado al ambulatorio en brazos de varios de los asistentes.

Además del desgraciado fallecimiento del catoirense, el incidente provocó que cuatro personas más tuvieran que recibir asistencia médica. Fueron María Josefa O.S., vilagarciana de 41 años, a quien se le apreciaron quemaduras en los brazos y en el pecho, Otilia R.E, de 71 años y también de Vilagarcía, con quemaduras en el cuero cabelludo, y las niñas Ana Belén A.F. (10 años), vecina de Vilagarcía, con quemaduras leves en el cuello, y Natalia G.C. (7 años), de Cambados, con un golpe en la frente y diversas quemaduras por todo el cuerpo de carácter leve, según explicaba La Voz de Galicia.

Y si en Vilagarcía las fiesta acabaron de manera trágica, algo parecido sucedió en Pontevedra. Curiosamente, o no, con la misma pirotecnia como protagonista. Los fuegos artificiales que ponían el colofón a los festejos de La Peregrina habían sido encargados a la pirotecnia Álvarez, la misma que debutaba ese año en el Combate Naval de Vilagarcía, y, como sucedió en la localidad arousana, un incidente también tiñó de sangre el fin de fiesta de la capital de la provincia.

En Pontevedra fue una traca formada por cinco bombas de palenque y lucería la que se precipitó sobre el público que estaba viendo el espectáculo de los fuegos artificiales en el recinto ferial, junto al monumento a Rosalía de Castro. Las carcasas, que habían sido lanzadas desde las inmediaciones de la escuela de Magisterio, tomaron una dirección errónea y, en lugar de explotar en el aire, sobre el río Lérez, se dirigieron hacia el público.

A continuación, y tal y como había sucedido en Vilagarcía, se formó un auténtico caos. Efectivos de la Policía Local y Nacional, además de varias ambulancias y también parte del público que estaba asistiendo al espectáculo, procedieron a trasladar a los heridos a los distintos hospitales. Entre tanto, y desde los altavoces del recinto ferial, se daban las primeras instrucciones para intentar calmar la situación, puesto que en el tumulto varias familias habían quedado disgregadas y eran muchos los niños que habían perdido de vista a sus padres.

Al parecer, el técnico de la empresa pirotécnica manifestó tras el suceso que alguien debería haber movido las carcasas antes de que se produjera el lanzamiento, como único motivo razonable que fue capaz de dar para explicar el incidente.

Un susto notable

Según la información que facilitó la Policía Local a La Voz de Galicia fueron un total de 33 las personas que tuvieron que ser atendidas en distintos centros sanitarios de la capital de la provincia. Trece fueron trasladadas al servicio de Urgencias del Hospital Provincial, una docena más en el Hospital Montecelo, y las demás por la Cruz Roja en el propio recinto ferial. Apuntaba la noticia de La Voz que ninguna persona requirió mayor atención médica que las curas urgentes por pequeñas quemaduras y heridas contusas.

La pirotecnia Álvarez, según publicó La Voz de Galicia, ya había sufrido un aparatoso incidente apenas un par de años antes. Fue la noche del 15 de marzo de 1986, cuando se registró una explosión que no provocó daños personales porque a esa hora no había nadie en la instalación, aunque sí un gran susto en la zona. Los vecinos en su momento ya habían presionado para evitar que la pirotecnia ampliara sus instalaciones.

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